Argentina- Holanda: Piden entre 2000 y 3000 dólares por una entrada

Conseguir un ticket en San Pablo es una verdadera odisea.

 Casi en simultaneo con la histórica clasificación del seleccionado a las semifinales , colapsaron las reservas de vuelos desde nuestro país hacia Brasil. Los que pueden se toman un avión o se lanzan a la ruta. Aunque el mayor desafío hoy no es cómo llegar, sino cómo ingresar mañana al estadio Itaquerao, donde caben 65.807 personas.

Existen tres vías posibles para adquirir entradas: el sitio web oficial de la FIFA, donde la disponibilidad es casi nula, más aún si se accede desde la Argentina; la AFA, a través de su venta discrecional para sponsors y allegados a la entidad, y el lucrativo mercado negro de la reventa, ya sea callejero o cibernético. Son tres alternativas diferentes guiadas por algo en común: el azar y el dinero.

Vamos por partes. Si bien la FIFA ya cerró la temporada de venta de tickets, el grifo vuelve abrirse por goteo ante cada instancia. Sucede porque hay personas que ante la eliminación de su equipo, deciden devolver el ticket y se les reintegra un porcentaje del valor original. Esta alternativa se reduce en las instancias decisivas, como lo es el partido de mañana con Holanda.

La AFA vende 700 entradas que la FIFA le otorga por partido a cada federación. A veces hay más boletos porque en el mismo circuito están los ingresos para los familiares de los jugadores y los dirigentes de los clubes nucleados en la AFA. Los tickets se venden al valor original.

“Las entradas son para atender las relaciones [públicas] y a los sponsors”, explicó Emilio Vázquez, jefe de administración de entradas de la AFA. Sin embargo, La Nacion comprobó que muchos particulares, sin relación alguna con la entidad ni con los auspiciantes, adquirieron entradas en diferentes sedes en las que jugó el seleccionado. Para la semifinal, la AFA limitaría al máximo la venta.

Ayer, por los alrededores del Gimnasio do Ibirapuera, donde se encuentra el Centro de Gestión de Entradas de la FIFA, se concentraba la ilusión por conseguir un boleto en el mercado negro. Se pedía entre 2000 y 3000 dólares por una entrada cuyo valor original era 90 de la misma moneda. Mandaban las leyes del mercado: a mayor demanda, más cara la oferta.

Con el comercio ilegal de entradas tan instaurado, los revendedores hasta se creen en condiciones de establecer reglas. Determinan el monto, la forma de pago y hasta el lugar de entrega. Están organizados, a pesar de los rigurosos controles de la policía brasileña y de los inspectores de la FIFA.

Con el aval de la justicia, el gobierno brasileño militarizó su seguridad y todas sus fuerzas tienen órdenes de intervenir cuando perciban un acto sospechoso que pueda tratarse de una reventa. En caso de que un extranjero sea capturado en plena negociación ilegal, se lo detiene y se lo puede penar con la deportación a su país de origen. De hecho, cayó ayer el director de la empresa que posee exclusividad con la FIFA para la venta de paquetes del Mundial, acusado de liderar una red de reventa de entradas (ver aparte).

Ante la rigurosidad de la fiscalización callejera, el mercado negro amplió su área de influencia y penetra a través de internet. Las cifras que se manejan también son exorbitantes y los pagos muchas veces se deben hacer a través de tarjeta de crédito. Los canales de venta más habituales son las redes de compra y venta de cualquier tipo de artículo, aunque también hay sitios brasileños que se dedican exclusivamente a las entradas mundialistas.

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