Chano y sus adicciones: "Tengo dificultades con todo lo que consumo"

En su última entrevista con Clarín, en diciembre, habla de sus obsesiones. Y de su personalidad adictiva: “No sólo con las drogas. Tengo dificultades con la comida, con la bebida, o con lo que haya que hacer”.

Intensidad o nada. Obsesiones que lo consumen y una batalla eterna contra una personalidad adicta a todo, devorando corazones propios y ajenos. Las canciones nacidas del desamor y las ausencias. La búsqueda del romance definitivo. Una voz que habla de la muerte. Mundos nuevos que se abren. El amor incondicional marcado con sangre. De todo esto, sin filtro, hablan las palabras urgentes de Chano Moreno Charpentier, que custodia con las canciones de Hola mundo, su futuro trabajo, el ex estudio de Gustavo Cerati en Vicente López. Por ahí también está su alter ego, Bambi, el hermano menor, ingeniero musical de Tan Biónica. Su racionalidad, su raíz y su sustento. La persona que más ama en el mundo. Junto con sus compañeros, Diego Lichtenstein y Sebastián Seoane, preparan la fiesta de mañana en el Hipódromo de Palermo para el cierre del Tour Destinológico, que los llevó viajar con su música hasta México.

“Se trata de conectarse con la humildad y salir a ganarse a la gente de vuelta con el partido 2 a 1 abajo. Ponerse ese chip, contar nuestra historia y conectar otra vez con el pasado. No como acá, que es mucho más desbordante todo y que aunque salgas y se esuche mal vas a tener una ovación y va a estar todo bien. Vaya a saber uno qué querrá decirnos la vida, o Dios, con estas cosas. Lo hacemos”, arranca Chano.

No sé lo que es bajarse del personaje, porque yo no hago un personaje: mi vida es así. Cuando ves algo excéntrico o delirante, es porque soy así. Llevo al escenario lo mismo que llevo a la vida”.

¿Cómo repercutió el éxito en tu cabeza? ¿Te motiva, te da miedo?
Lo disfruto, alguna vez me pasó de bajar de un show para 100 mil personas y decir “esto ya es mucho para una sola persona”. Mucho stress, mucha locura, es casi antinatural subir a un lugar y que todo el mundo esté gritando, cantando las canciones. Es espectacular, es una sensación incomparable, pero no puedo decir que sea del todo sana. Sí puedo decir que es increíble. La cabeza te queda rarísima después de eso. Bajás y te vas solo para tu barrio caminando de noche. A veces me pasa que quedo rebotando en una habitación de hotel solo y me pregunto qué hacer conmigo mismo después de recibir tanto. Ahí es donde uno empieza a lidiar con la vida, con ese cliché de que hay que saber bajarse del personaje, del show. Yo digo que no sé lo que es bajarse del personaje porque yo no hago un personaje: mi vida es así. Cuando ves algo excéntrico o delirante, es porque yo soy así. Llevo al escenario lo mismo que llevo a la vida. Lo que yo tenga bueno y malo en la vida va a aparecer ahí. Si uno es artísticamente honesto terminan dejándose ver los defectos de carácter como también las cosas copadas que uno tiene.

Hace años que venís luchando contra las adicciones, ¿cómo juega toda esa presión?
Es una condición que, lamentablemente, nace con uno. Yo tengo dificultades para relacionarme con cualquier cosa que consuma. No sólo con las drogas. Tengo dificultades con la comida, con la bebida, con el ejercicio físico, o con lo que haya que hacer. Es una condición que nació conmigo y que me provoca tener dificultades para relacionarme con situaciones, cosas, lugares y personas. Muchas veces, las personas entienden que hay una sustancia que provoca la adicción o que uno es el adicto y se relaciona de una manera adictiva con todas las cosas. Yo me he encontrado muchas veces, sin drogarme, viviendo de la misma manera. Cuando uno no se da cuenta, no se revisa, no se trata o analiza, termina poniendo en el lugar de la droga a una persona, y termina consumiéndola, sacándole todo el jugo, no dándole nada y deshaciéndose como si fuese una cosa. O teniendo una dependencia hacia una persona o una cosa. Son todas rutinas obsesivas. En una parte mental tiene que ver con la obsesión, es un patrón que yo identifico siempre. Yo me obsesiono con las cosas, y la obsesión es una bola que crece y crece hasta que no te deja ver, ocupa todo tu campo de visión, y no podés ver nada más allá de tu obsesión. Con el tiempo aprendés a reconocer cuando estás quedando atrapado en circuitos obsesivos. Y después está la parte compulsiva. Yo sé que hay cosas que no puedo hacer, porque no sé cuándo paro. Mi cerebro está preparado, tiene una anatomía diferente al de otras personas.

Cuando uno no se da cuenta, no se analiza, termina poniendo en el lugar de la droga a una persona, consumiéndola, sacándole todo el jugo, no dándole nada y deshaciéndose como si fuese una cosa”.

¿Sacás algo bueno de todo esto?

Para mí las drogas le hicieron muy bien al mundo en los ’60, cuando las chicas tenían la pollera por los tobillos, y no votaban, y los tipos andaban con el pelo engominado. Sirvió para descontracturar, para que llegue la minifalda, los colores, las pepas, los ácidos, Woodstock, oponerse a las guerras, pensar diferente… Pero como todo, en exceso, es malo. Le puede venir bien a una persona salir y tener una noche gloriosa, pero si lo empezás a hacer mucho empezás a fisurar. Yo creo que el mundo está fisurando las drogas en este momento. Así vemos a nuestros ídolos de los ’60, que participaron de esa transformación, están quemados todos. O muertos.

Es un asunto a temer, los placeres, porque si son cosa cotidiana, un día ya no tienen gusto a nada.
Totalmente. Pienso igual. Yo no puedo estar en constante aceptación de mi deseo. Es más, tengo que regularlo. Generalmente mi deseo es contrario a lo que a mí me conviene. Si te digo qué deseo ahora, te diría que quiero desnudarme y emborracharme acá… Uno no puede hacer todo lo que desea, tal vez puede sentirse poco libre, pero es al contrario. Si yo obedezco a mi impulso no voy a estar siendo libre, sino preso de ese deseo. Y mi deseo también es estar acá charlando, haciendo entrevistas. Tal vez es más aburrido que lo que tenés ganas de hacer, pero para mí la libertad es eso, encontrar los límites. Como en el amor. El amor no es incondicional, eso es una pavada. ¿Si yo me tiro de un avión, vos te tenés que tirar atrás mío pase lo que pase para estar juntos? No, el amor tiene límites y condiciones.

El amor no es incondicional, eso es una pavada. El amor tiene límites y condiciones.

¿Cuál sería tu consejo?
Yo sólo puedo recomendar. Creo que todo el mundo tiene que hacer su experiencia, pero nunca voy a decirle a un pibe que escucha Tan Biónica que a mí eso siempre me hizo bien porque me hizo muy mal. Y creo que zafé de estar muerto. Le pegué en el palo varias veces. No hace falta perder un brazo para darte cuenta de que no podés boludear con la mano. La ciencia no tiene una respuesta para decirte si te vas a hacer adicto o no. Me lo dijo Bambi cuando me interné la primera vez: “Si vos te ponés bien ganamos el Mundial”. Y, después, hicimos la canción. Siempre lo cuento, porque muchas veces tengo ganas de volver y tirar todo a la mierda. Pero yo elijo esto, lo sostengo, ya no tengo excusas. Cuando dejé las drogas pensé que estaba buenísimo, porque no drogarse un día son cien mil problemas menos, pero temía que el sexo nunca iba a estar tan bueno como esas noches de lujuria total. Y después estuvo tan bueno y mejor. O que hacer un show y componer nunca iba a ser lo mismo, y después fueron mejores las canciones porque hay menos ruido entre vos y la conexión con tus emociones. Lo único que puedo decir, para no convertirme en un pastor, es que cada uno tiene que hacer su experiencia. Hay dos personas que me salvaron la vida: son Walter Caviglia y Celeste Jerez, que saben hacer parar a un adicto.  Celeste es como mi guía espiritual, ella me decía: “Chano, si a vos te digo te voy a dar la mejor droga del mundo, la que mejor pega, pero te la tomás hoy y te pega la semana que viene. Me vas a decir dame la que sea que me pegue ahora”. Así piensa el adicto. Como pensaba Luca Prodan: “No sé lo que quiero, pero lo quiero ya”.

¿Al final la mejor droga sigue siendo el amor?  
Yo creo que sí. El amor es lo contrario a la muerte. Los pocos momentos en que me olvido que la muerte está todo el tiempo acechándome y diciéndome “te vas a morir”, son esos. Se puede morir cualquiera…

¿Te pasa eso?
Me pasa mucho.

¿Tendrá que ver con la muerte de tu viejo?
Con lo de mi viejo puede ser, con lo de mi abuelo también. Mi viejo nunca estuvo muy presente. Mi abuelo fue el que estuvo siempre. Y los dos se murieron muy de golpe.

¡A mí qué me importa resucitar en mis obras, yo quiero ir a tomar un café a la esquina!”

¿Te pasaba desde antes?
No, antes no tenía miedo de la muerte, ahora sí. También me pasa con el lugar que ocupo. Es raro hablar de idolatría, pero existe y es un lugar que hoy en día yo tengo. Y ves cómo se mueren los ídolos, que generalmente se mueren rápido. Hay gente que dice que resucitan en sus obras…¡A mí qué me importa resucitar en mis obras, yo quiero ir a tomar un café a la esquina! No quiero resucitar y que me recuerden y se canten mis canciones. Quiero estar vivo tomando café. Invitando alguna chica a salir.

¿Cómo se manifestaba ese miedo?
Me persigue muchísimo ese miedo. Una voz que dice: “Se van a morir las personas que amás”. Se pueden morir en cualquier momento, eso me mata. Lo único en la vida que no me hace pensar en eso es el amor, que también es parecido a las drogas. Oski Righi (Bersuit), nuestro productor del disco anterior, tiene una canción que dice “no hay que tomar decisiones enamorado”. Y claro, es muy parecido a estar bajo el efecto narcótico. Uno ve la vida de una forma diferente, todo cobra otro sentido. Esa silla inmunda puede ser linda. Pero, a su vez, es un efecto efímero. Dolina tiene un cuento que habla de una isla que es atravesada por dos ríos. Sobre una de las orillas crece el fruto del dolor, y si uno lo come padece una pena perpetua. En la otra orilla está el fruto de la alegría, que si uno lo come se pone muy feliz, pero es efímero. El cuento termina con un navegante inglés, que llega y dice que esa propiedad no está en los frutos, sino en los hombres. Es así, cuando tenemos una pena creemos que va a durar para siempre. Y cuando se trata de un momento de felicidad estamos pensando en cuándo se va acabar. O cuando estás enamorado, o en el proceso de enamoramiento con una chica, y te querés hacer el boludo pero sabés que en cuatro meses se termina. O cuando uno se vuelve a enamorar, que siempre tiene la esperanza de que ese efecto se prolongue para siempre. Porque el amor tiene ese upgrade, que hace que creamos que la próxima va a ser la definitiva.

Me persigue muchísimo ese miedo. Una voz que dice: “Se van a morir las personas que amás”

¿Estás buscando amores largos?
Sí, tengo ganas de encontrar el último amor.

¿Cuántas veces te pasó?
Varias veces. Tres o cuatro veces en la vida me pasó eso de no pensar en la muerte, de querer compartirlo todo. El amor hace que uno pierda algunos vicios horribles, como el egoísmo o patrones de conducta que uno identifica y se rompen mágicamente. Los tímidos se comportan como  extrovertidos, los egoístas más generosos. El amor tiene algo maravilloso, y por eso creemos que dura lo que dura. Poco, o es efímero.

Hay amor para siempre. Te pasa cuando ves una pareja de abuelos que llevan años juntos y todavía lo tienen.
Antes de que muriera mi abuelo fuimos a tocar al programa de Lanata. Yo lo había ido a ver el día anterior y ya no lo vi más. Le conté que iba a ir al programa, y justo vino el médico. Estaba para morirse en cualquier momento, y le dijo al doctor: “Sólo le pido una cosa, que me haga durar un día más que Marta”, que es mi abuela, para no hacerla sufrir. Fue una de las cosas más románticas que escuché en mi vida.

¿Por qué hicieron un tema para tu papá en el disco que viene?
Es una canción que se llama Yo no me atreví a sugerirte que te mueras. Mi viejo tenía un cáncer terminal, avanzado, tuvimos poca relación. El me llamó en un momento, en plena explosión de Tan Biónica, y empezó a acercarse a nosotros por algún motivo. Vivía en España. Siempre tuvimos distancia con él, nunca vivimos con él. Se separó de mi vieja cuando yo tenía ocho años, y no recuerdo o recuerdo un contacto pero no muy fluído. Cuando se confirmó su enfermedad el oncólogo me dijo que tenía seis meses de vida. Mi viejo no quería saber qué era lo que tenía, y el paciente tiene derecho a saber tanto como a no saber. Lo acompañé en ese proceso, casi de locura porque el cáncer era en la cabeza, y pude recomponer algo. Tuvimos una relación de un año para putearnos, querernos, abrazarnos.

¿Te encontraste en él?
Un montón. Aprendí muchos trucos de mi viejo, era una persona que tenía cierta megalomanía. Yo muchas veces le pregunto al psicólogo por qué para ser feliz tengo que subirme como un payaso arriba de un escenario a que me aplaudan. Y mi viejo era una persona muy emprendedora, tenía sueños muy grandes. Me costó entender el final de su vida, ya estaba medio loco. Al final decía que era un Transformer. Yo lo recuerdo con mucho amor. En la biblioteca de mi casa todavía no pude poner fotos de él, pero tengo un par de Transformers.

La relación con Bambi, un amor incondicional

Ayer tu hermano escribió algo en su blog sobre los músicos virtuosos, que pueden hacer un súper solo de veinte minutos, y los melódicos, cuyo don es crear melodías simples y pegadizas. ¿Dónde te ves?
Yo me encuentro entre los segundos, seguro. Melody Maker, ese creo que es mi oficio. Yo sé hacer melodías, que quizás después no las sepa tocar bien. Muchas veces hago melodías que mi hermano, que es un gran instrumentista, me dice que son espectaculares pero yo no las puedo tocar por mi torpeza. Las toco, pero me voy equivocando las notas. Yo le traigo las melodías, y él las va desmalezando, sacándole vicios anteriores o cosas en las que yo me repito inconscientemente. Muchas veces me dice que quedan así también.

¿Cómo es la relación con Bambi? Porque tienen personalidades antagónicas.
Increíble. Podemos tener discusiones, porque somos dos personas muy diferentes. El es un tipo muy perfil bajo, yo soy muy perfil alto. Nos amamos mucho. También, el hecho de que estemos lejos de mi viejo nos hizo unirnos muchísimo. Es mi mejor amigo Bambi. Es una de las mejores cosas que hicieron mis padres dentro de todas las que hicieron mal. Mi vieja siempre incentivó esa relación. Es una mujer muy intensa, yo me veo en ella. Si estuviera acá te estaría diciendo cómo tenés que hacer la nota, las fotos, todo. Es divina, una luchadora que nos ha dejado mucho. Esa incondicionalidad. Con Bambi sí hay un amor incondicional. Ojalá algún día pueda llegar a sentir un amor así por una pareja, tener una relación tan maravillosa como la que tengo con Bambi. Soy muy culpógeno, siempre pienso que doy menos de lo que él me da. El ya tiene una relación, se casó. Pau, su mujer, es como mi hermana, es como parte de mi hermano. Ella es psicóloga y me recomienda los terapeutas. Cambié mucho de psicólogos y ella me ayudó mucho cuando tenía problemas con las drogas. Me conoció en una situación de desorden total y vio todo el proceso. Bambi siempre estuvo con la misma mujer.

Son el agua y el aceite…
Somos el agua y el aceite, y también ella necesita que en algún momento mi hermano deje de ocuparse de los problemas de su hermano. A veces les cuesta a las otras personas que Bambi y yo tengamos una relación tan estrecha. Tan Biónica demanda muchísimo, y cae mucho sobre Bambi y sobre mí.

¿Cómo funcionan artísticamente?
Generalmente yo soy la parte creativa, tiro una idea delirante y me voy porque no sé ni cómo hacerla. Y Bambi se encarga de hacerlo realidad.

Me contabas que fuiste al programa de Lanata, ¿qué hacías ahí? ¿Te interesa la política? Se los vincula mucho con Macri…
Hay mucha gente que nos asocia al PRO, pero acabamos de estar con la embajadora Vaca Narvaja, que nos nombró Embajadores de la Cultura de Buenos Aires en México. El mismo título que nos dio Macri, nos lo dio una embajadora con una foto de Cristina atrás. Nosotros vendemos shows, y producimos nuestros shows. Yo cuando le vendo un show a una empresa telefónica tampoco reviso si está cumpliendo con sus contratos de reinversión, no sé cómo es la moral de mi cliente. Un kiosquero que vende cigarrillos, no sabés si no es un corruptor de menores: vende puchos. Los shows del Gobierno de la Ciudad nos dieron la posibilidad de crecer sin que sea un show partidario. Cuando el show es un concierto de música, que no hay militantes adelante con banderas de Quebracho o lo que sea, lo hacemos. Si es con fines políticos no lo hacemos. No importa si es kirchnerista o responde a Macri. Yo de política prefiero no opinar, prefiero no meterme tanto. Los artistas estamos más acá, y los políticos más allá. No tengo la autoridad intelectual para glosar una opinión del país. Hay cosas que me gustan y cosas que no me gustan, de todos. Hay otros grupos que sí, son más politizados. Nuestras canciones no tienen nada que ver con la política.

El disco que viene: ausencias y corazones rotos

¿Cómo va a ser “Hola mundo”?
Va a ser un disco maravilloso. Las canciones son muy profundas, como “Yo no me atreví a sugerirte que te mueras”, la de mi viejo. Tiene historias mágicas, muy urbanas, de la ciudad, de gira. Nos arriesgamos a cambiar. Si bien Hola mi vida es un tema muy arriba, como los primeros singles que nosotros solemos hacer, habrá que revisar psicológicamente porqué hacemos ese tipo de canción, tal vez sea un polo opuesto a lo que es el disco. Es un disco de melodías menores, más introspectivo, de revisar cosas. Yo soy un artista y no me fue indiferente que terminó una gira en la que veníamos haciendo cuatro ciudades por semana, paré la pelota y caí: “Ok, me di cuenta, se murió mi viejo, se murió mi abuelo, me separé”. Y no de una persona, me separé de dos personas. De mi ex y de su hijo, que es una persona que amo. Me estaban pasando un montón de cosas y el disco es de este momento. Salió un disco maravilloso.

¿Fantaseaste con la idea de la paternidad a partir de tu relación con Celeste?
Lo raro era también lo que pasaba a partir de mi relación con Emma (Horvilleur). Es una de las cosas lindas que me llevo de mi relación anterior. Emma, el papá de André, que también es músico. Descubrí una persona maravillosa, igual que Celeste. Juntos crearon un ser hermoso. Justo ayer hablamos unos mensajitos con André. Tiene 11, un montón. Es una situación rarísima para mí, llevar un chico al colegio y todo eso, y luego separarme. Meterme en su universo e imaginar cómo estaría pensando las cosas él. Cómo se habrá tomado que un día yo ya no esté más. Pensaba en cómo hubiera respondido yo a los 11 años. Yo no me animaba a decir todas las cosas. No entendés cómo procesar lo que te gusta y lo que no. Fue durísimo. Una de las cosas presentes al hacer el disco fue esa, hacer un disco después de separarme, no de una persona sino de dos.
El show despedida del Tour Destinológico
Será este domingo 7 de Diciembre, en el Hipódromo de Palermo (Av. Del Libertador 1440) a partir de las 16hs. Todas las entradas del Hipódromo incluyen el CD+DVD “Tan Biónica – la Usina del Arte”. Se podrán canjear solamente el día del show en la boletería del Hipódromo. La banda, que viene de recorrer todo el país, además de Paraguay, México, Chile y Uruguay, adelantará nuevos temas de #Hola Mundo.

Como particularidad, habrá un sector On Stage (donde unas pocas personas podrán vivir el concierto desde un palco, arriba del escenario), un Soundcheck Pack (para presenciar el armado y prueba de sonido del grupo) y un Espacio Destinológico (ubicado entre una T gigante, que formará parte de la escenografía de los conciertos). Las entradas están disponibles en un sitio especialmente diseñado para la gira: www.tanbionica.com/YoVoy.

Fuente: Clarin.com

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