Los 204 casos de víctimas de El Vesubio

Los acusados son cinco represores que hasta ahora no fueron condenados, entre ellos Gustavo Adolfo Cacivio, el Francés, uno de los ex jefes del centro clandestino. Ayer se debatió sobre las imputaciones y sobre la ausencia de uno de los acusados.

A eso de las diez de la mañana, el subsuelo de los tribunales de Retiro empezó a llenarse de familiares y sobrevivientes de El Vesubio. En una sala contigua comenzaba el segundo tramo del juicio oral por los crímenes cometidos en ese centro clandestino ubicado cerca del cruce de la autopista Riccheri y Camino de Cintura, en dirección al Aeropuerto de Ezeiza. El predio tenía árboles, una pileta y tres casas, recordaron los fiscales poco después. Una casa tenía sótano y era usado como calabozo. En esta segunda etapa se reconstruirán 204 historias de quienes fueron secuestrados en ese lugar para juzgar a cinco represores que hasta ahora no fueron condenados. Entre ellos está Gustavo Adolfo Cacivio, el Francés, uno de los jefes del centro clandestino, quien logró permanecer oculto durante años detrás de su alias.

“Era un misterio, y como buen oficial de inteligencia intentó ocultarse lo más posible durante años”, dice Jorge Watts, en uno de los momentos de espera. El juicio había empezado. El Francés Cacivio se sentó en la parte de adelante de la sala. Ocupó uno de los bancos de los acusados. A veces cabeceó. Watts está convencido de que además se durmió. Al lado de Watts hay otro sobreviviente. Hablan del Francés y de La Plata. De un grupo de siete “pibes”, todos militantes de Montoneros, y del Francés que se infiltra en el grupo. A Watts le sale una puteada: “Es un hijo de puta”, dice. “¡Los mataron a todos!”. “Y éste en El Vesubio era un dandy, perfumadito, y le gustaba la música clásica”, dice. Solía ordenarle a la patota que “se afanen todos los casetes que había en las casas”. Cuando la patota volvía, el Francés les decía: “¡Tengo este casete tres veces!”, y se los tiraba en la cara. “Y bueno –dice Watts–, es el responsable del asesinato de montones de compañeros. Así que piedad, ninguna.”

El juicio que se inició está encabezado por el Tribunal Oral Federal No 4, el mismo que llevó adelante la primera parte concluida en julio de 2011. En este caso, los jueces sin embargo son otros: Eduardo Carlos Fernández, Eduardo Barberis y Néstor Costabel, a cargo de la presidencia. Las querellas están unificadas en tres grupos. Uno por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y los otros reúnen a organismos de derechos humanos y espacios políticos.

La primera jornada puso en debate dos temas que marcarán seguramente los ejes de las próximas audiencias. Uno más de fondo, sobre el tipo de imputaciones. Los cinco acusados están procesados sólo por las figuras de secuestros y tormentos. Pese a que entre los hechos existen casos de homicidio, ninguno está imputado por ese delito que habilita, además, la posibilidad de penas de prisión perpetua. En el debate anterior hubo condenas por homicidios sobre los mismos hechos. Por eso, se supone que éste será uno de los puntos en discusión. El otro tema, más urgente, en cambio, es la situación de salud de uno de los acusados.

Los acusados son cinco. Cuatro estuvieron ayer en la sala: el Francés Cacivio; Néstor Norberto Cendón, uno de los guardias; Federico Antonio Minicucci y Faustino José Svencionis, ambos parte del Regimiento III de La Tablada. El que nunca llegó a la sala es Jorge Raúl Crespi, clave en el área de inteligencia. Crespi fue jefe de Inteligencia de la X Brigada de Infantería a cargo de la Subzona 11 y, como tal, era jefe de la CRI o Central de Reunión de Información, desde la cual se coordinaba la inteligencia de la zona donde estaba El Vesubio. Ahora reside en Curuzú Cuatiá, provincia de Corrientes. Y según el tribunal tiene un supuesto problema de salud que le impide cualquier forma de trasladado.

Este punto provocó varias intervenciones y un debate que comenzó a dar cuenta de problemas más generales: uno de los núcleos es el Cuerpo Médico Forense y otro es el Consejo de la Magistratura y el tema aparentemente incide, además, en otras causas.

Sobre Crespi, entonces, el tribunal dijo haber comprobado que no podía viajar a Buenos Aires para el comienzo del juicio ni podía movilizarse a 100 kilómetros de su casa, donde está el juzgado federal más cercano de Paso de los Libres, para una eventual participación en la audiencia vía web. Costabel también explicó que, pese a eso, estaban tramitando un nuevo examen para corroborar todo eso con peritos del Cuerpo Médico Forense, que dependen de la Corte.

En este punto apareció el problema. Fiscales y querellas tomaron la palabra. Los fiscales del juicio son Alejandro Alagia y Gabriela Sosti. Sosti puntualizó que hasta ahora no está corroborada la imposibilidad del traslado, “sino que el traslado no se hizo más bien porque no se pudieron instrumentar los medios para hacerlo con la celeridad necesaria”. Y volvió a pedir que se examine a Crespi, pero aclaró que se sabía que el Cuerpo Médico Forense está con problemas de presupuesto. Por eso, le pidió al tribunal que busque otra alternativa como pedir exámenes al Cuerpo Médico de la provincia. “Contamos con escaso tiempo y abundante distancia”, dijo. Y aunque no dijo nada más, todos los que estaban alrededor sabían a qué se refería: si los tiempos no se aceleran, Crespi puede quedar fuera del juicio. Para poder ser juzgado debe escuchar la acusación. Es un paso procesal necesario. Esto debería ocurrir en la primera audiencia, en la segunda o antes del comienzo del debate. Calculan unas tres semanas de plazo.

Metros atrás levantó la mano Pablo Llonto, abogado de la querella encabezada por el CELS. “Hemos tenido una conversación con el Cuerpo Médico Forense y hay dificultades económicas para el traslado del médico a las provincias por falta de pago de los viáticos”, dijo sobre la misma situación. En ese sentido, pidió que, “si el Consejo de la Magistratura no aporta los fondos para los traslados de los médicos”, el tribunal piense en la alternativa propuesta por Sosti. Recordó además que las querellas están intentando mandar médicos de parte para chequear los exámenes y en la misma línea agregó un dato oscuro que pesa sobre el cuerpo de los forenses de la Corte: “Estamos objetando a muchos médicos del Cuerpo Médico Forense por los informes que presentan sobre la capacidad de imputados”.

Así las cosas, el juicio empezó. La fiscalía leyó los nombres. Todos aquellos que pasaron por ese centro clandestino.

“Veo todo más correcto”, dijo Ana Feldman, poco después. En el pecho tenía la foto con la imagen de su hermana Laura, desaparecida y asesinada en el marco de esta causa. “Veo, por ejemplo, que las puertas que separan al público de la zona de los jueces, antes estaban cerradas y ahora están abiertas. Veo un clima más relajado que hace dos años, veo menos canas”.

Para entonces, el juicio ya había arrancado, Costabel había presentado a cada quien. “Me pareció muy correcto el juez”, siguió Ana. “Esta idea de querer conocer, esto de que presentó a todos los jueces. Hay una cierta madurez. Lo único que lamentamos todos, querellantes y familias, es que no hayamos podido llegar al juicio con acusaciones por homicidios. El Equipo Argentino de Antropología Forense identificó cinco casos, uno de los casos era el de mi hermana Laura. No puede ser posible que hagamos Vesubio 1, hagamos Vesubio 2 y otra vez tengamos que hablar de secuestros, torturas y ‘más de treinta días de cautiverio’, y debamos esperar un Vesubio 3 para hablar de esto”.

Fuente: Pagina 12.

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