Muchos cambios ante Bélgica. ¿Entra Palacio?

 La frase de Vicente del Bosque rebota en la mente de Alejandro Sabella una y otra vez. En realidad, desde que la escuchó no se la puede sacar de la cabeza. “Un vestuario sano vale más que cien horas de táctica”, resumió el entrenador español antes de que se declarara el terremoto de su equipo en la Copa del Mundo. Pachorra cree firmemente en la unión general y ese es el as de espadas que puede apuntalar un funcionamiento que no ha conformado a nadie. Ni a él, desde luego. Que la bronca, la vergüenza y el orgullo de un grupo ilusionado, pero también espoleado, equilibren lo que lecciones tácticas borrosas y rendimientos individuales en deuda no han conseguido afirmar. Sabella ya percibió rebeldía frente a Suiza, en una situación límite. No en todos, es cierto, pero sí en jugadores clave para espabilar al seleccionado.

Solidaridad, compromiso, hermandad y camaradería. Sabella está convencido de que sólo la búsqueda del bien común puede alumbrar una conquista. El todo debe ser más trascendente que las partes. Aunque el torneo ya transite su recta final, el entrenador todavía cree que es posible edificar un buen equipo, pero únicamente si los 23 elegidos construyen una monolítica sociedad. Y el grupo le entrega buenos síntomas porque sus integrantes realmente se llevan bien. No es barullo efectista cuando reiteran el valor global. Están alineados porque asumen que se necesitan como nunca. “Cuanto mejor se lleven, más éxito. Lo mejor es humanizar el grupo, recordarles que son gente modesta, que vienen de ahí”, agregó aquella vez Del Bosque. Sabella sabe que ni mil rutinas de centros al segundo plano, a esta altura, podrán resolver daños estructurales, pero un indestructible estado anímico sí puede hasta acorralar al destino.

“Estoy muy contento al encontrarme con un grupo que tiene una actitud buenísima. Hay que apostar a la solidaridad entre ustedes. Eso es lo que hace un gran equipo. Confío en esa predisposición. Un equipo es completo cuando juega como tal, porque con los nombres no alcanza. Aquí serán vitales los grandes futbolistas, sí, pero con una gran mentalidad colectiva”. Palabras más, palabras menos, esa fue la arenga de las últimas horas de Sabella frente a sus dirigidos. Con un rabioso fervor que no se cuidó de ocultar. Después de cuatro partidos sin demasiados pilares futbolísticos. Sabella decidió exaltar un discurso sobre la adhesión interna.

El estado de ánimo puede hacer bueno a un jugador discreto y excelente a uno bueno. La confianza hace milagros sobre la determinación, y el ímpetu sobre el físico y la táctica. Ahí está hoy parada la selección argentina. Sabella confía en su pizarrón, pero no es terco. No reniega de la transmisión de los conceptos desde el estímulo emocional, desde una mística cocida puertas adentro que el grupo se encargó de blindar. Desde la mesa chica de Messi, Mascherano, Romero, Zabaleta, el Kun Agüero, Maxi Rodríguez, Gago y Lavezzi, hasta Basanta, Campagnaro, Ricky Álvarez o Enzo Pérez, con los que no comparten el origen en los juveniles pero fueron adoptados de inmediato. Basta recordar el debut de Basanta en la selección, en la traumática altura de La Paz, cuando Messi tras el partido se quedó en la puerta del vestuario esperándolo solo a él para abrazarlo.

La mayoría de estos jugadores vivieron muchas decepciones. El coraje de Mascherano no es casual: está agotado de perder. El Jefe exige inmolación. Varios crecieron entre títulos juveniles y olímpicos, pero la selección mayor una y otra vez se les atragantó. Las dos espinas más cercanas, el Mundial 2010 de Sudáfrica y la Copa América 2011 en la Argentina, los tuvo como protagonistas a varios. Demasiados. Sobran heridas. Y la furia puede ser el mejor combustible. Últimamente hubo algunas declaraciones incómodas. Di María desafiando a la prensa y asegurando que el equipo juega bien; Romero algo irónico para vengarse de la desconfianza que había alrededor suyo por la inactividad en Monaco; la bravura de Mascherano por considerarse desvalorizado en su función… El enemigo externo también fortalece.

Messi no es carismático, pero ejerce un fuerte liderazgo sobre sus pares. Futbolístico, claro, porque lo admiran. Pero moral también, porque le reconocen que siempre da la cara por el equipo. Además de ocuparse de otros detalles, como asegurarse que el bonus económico que le pagan a la selección cuando él participa de un amistoso, se reparta enteramente entre sus compañeros. El grupo nació en la adversidad, a partir de aquel encuentro fundacional con Colombia, en Barranquilla, y desde entonces se ocuparon de cuidarlo.

Y cuidarlo también significó que no entrara Carlos Tevez. Querían que el espíritu fuese de lealtad y compromiso, sin divismos. Y lo lograron. Una imagen lo resume: Di Maria se fue a festejar su gol ante Suiza a un córner, y en segundos estaba sepultado por una montaña de jugadores. ¿Los titulares? Sí, más los suplentes.., Orion, Andújar, Maxi, Augusto, el acalambrado Rojo, el lesionado Agüero, que corrieron 70 metros, se cruzaron todo el ancho del Itaquerao de San Pablo para encontrarse en una única montaña de felicidad.

Los jugadores son conscientes de todo. De todo. Como la funcionalidad en la cancha aún es una cuenta pendiente, la confianza interna se esconde en el clima anímico. Confían en que entre todos sacarán a la selección adelante. Mientras imploran por Messi y esperan la aparición del arsenal ofensivo. La identidad colectiva, el tramado táctico y la influyente intervención del entrenador siguen bajo observación. El persuasivo ardor espiritual toma la escena. Un equipo es un estado de ánimo, y a veces eso puede servir hasta para ser campeón.

Sabella dixit

  • “Un gramo de neuronas vale más que un kilo de músculo. Cuando llegamos a esta instancia que es la máxima, como la Libertadores o la Champions League, el carácter es fundamental, un factor casi vital, más allá de la táctica, la técnica, la parte física”
  • “A mí no me gusta mucho cambiar, aunque entiendo que el fútbol es cambiante. Sin embargo, siempre prefiero elegir un grupo antes que un equipo”
  • “Gratitud; sentido común, sencillez y sensatez hacen a un grupo. El director técnico tiene que ser docente, pero antes de eso, decente; tener valor, no mentir, educar con el ejemplo y no con palabras; ser inteligente, sensible y coherente”
  • “Estamos en una Copa del Mundo, hace mucho tiempo que salimos de nuestro país, y si bien los jugadores han tenido la oportunidad de tener visitas familiares, la convivencia nunca es fácil, sin embargo, acá es excelente”
  • “Lo primordial es crear el alma del grupo; yo no hablo de reglas sino de mandamientos. Nosotros no podemos fallar en el equilibrio emocional, eso es clave. Ayudar al compañero, perdonar el error, dar antes que recibir, humildad y sentido de pertenencia”
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