Narda Lepes reveló sus malas experiencias en los comienzos de su carrera

Tras hacerse pública la denuncia de Trinidad Benedetti contra Pablo Massey, varias referentes del mundo gastronómico salieron a respaldarla y reclamaron la necesidad de implementar una serie de medidas que tiendan a dar una solución a los casos de acoso y abuso dentro de los restaurantes. Una de ellas fue Narda Lepes, que compartió, como otras colegas, un texto alusivo en sus redes.

A propósito de esta situación, la cocinera habló con Catalina Dlugi, en su programa radial Agarrate Catalina, y no sólo le contó cómo surgió esa iniciativa conjunta, sino que reveló cuáles fueron las situaciones que debió soportar al inicio de su carrera.

Después de que ella contara lo que le pasó en un espacio de trabajo, dimos a conocer ese texto varias cocineras al mismo tiempo. El grupo ya se había formado y veníamos hablando de algunas cosas. Hay un foro de mujeres, Parabere Forum, presidido por María Carabal, que vino a la Argentina, y en ese momento armamos este grupo para que las chicas que trabajamos en gastronomía podamos estar conectadas y asistir. Ahí comenzamos a hablar sobre armar un comunicado con la idea de buscar alternativas para que este tipo de hechos no ocurran”, comenzó explicando.

Sobre el hecho denunciado por Benedetti, opinó: “Me parece que lo más grave fue lo que pasó después. Te pueden pasar un montón de cosas, pero si vos tenés un lugar donde canalizarlo para que eso se evite, para que no llegue a una situación que te obligue a dejar el trabajo, mucho mejor. Eso es lo que tratábamos de hacer”.

Luego, fiel a su estilo directo, Lepes accedió a contar en primera persona sus experiencias. “A mí me pasaron mil cosas, pero no me traumatizaron. Me tocaron el culo mil veces, me apoyaron, me encerraron en la cámara frigorífica… Pero la peor cosa que te puede pasar es que no te escuchen, que se lleve el crédito otro de tu idea, que no te den el espacio para crecer dentro del lugar. Esas son maneras de no tomar en cuenta a las mujeres para los cargos con más responsabilidad. Hay mucho para hacer. Esas cosas pasan mucho”, reveló.

Otra cosa que me pasaba a mí, y que en su momento hasta me parecía copado, es que decían: ‘Narda es un pibe’, porque soy medio bestia para hablar. ¡No! Era como un club y yo me sentía parte. No estaba bueno, pero cuando era chica no me daba cuenta de eso. Me gustaba que me ‘acepten’. Ahora lo veo y digo: ‘¡No quiero!’. También hay cosas que pasan por el humor, pero cuando el humor incomoda siempre a la misma persona, no está bueno”, agregó.

Con respecto a qué cosas cambiaron desde sus comienzos, indicó: “Hace 20 años no existían todas las alternativas que tenemos ahora para enfrentar estos temas. No estaban accesibles. Probablemente, en lo académico existían, pero no de manera coloquial, que es lo que empieza a pasar ahora”.

Como ejemplo de que hay algunas situaciones que ya comenzaron a contemplarse, habló de su propio restaurante: “El plano del comedor del restaurante lo armamos hace 5 años. La distancia que había entre la cocina y la heladera que está enfrente era de un 1,10 metros y le pedimos que la hiciera de 1,30, para que haya más espacio y evitar así que haya excusas para que apoyen a alguna chica al pasar”.

Yo estoy en una cocina hace 25 años, y hoy si me tocan el culo, los mando a la mierda. Ayer y hoy; te contesto. Pero a mí me criaron así, para responder. A una chica que quizás no, y que tiene una personalidad más retraída, sigue con miedo. Por eso, para mí cambia todo cuando el miedo es parte de la ecuación. Y, lamentablemente, para las mujeres el miedo muchas veces es parte de esa ecuación”, continuó.

En ese mismo sentido, hizo hincapié en que las mujeres naturalizaron el hecho de tener miedo en muchísimas situaciones cotidianas, como caminar por la calle de noche hasta la parada de un colectivo o tomar un taxi. Y, también, a modo de ejemplo, contó que cuando era más chica, viajaba en los taxis con la puerta semiabierta, para que no pudieran cerrarla con el seguro automático. “Hace muchos años me pasó que me tocó un chofer que no me gustó, pero no me dio para quejarme solo porque no me había gustado. Cuando me tocó ese mismo chofer por segunda vez, le dije que le pagaba la bajada de bandera, pero que no iba a subirme. Entonces, anoté el número de móvil, para poder suspender el viaje antes de que llegue, si es que me tocaba otra vez. Después de un tiempo, veo en la tele que habían agarrado a un abusador, y era él”, relató. (La Nación)

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