Cinco exfutbolistas recuerdan el 2 de abril de 1982

Carlos De Luca (excombatiente y jugador de River): “No estábamos preparados”

Tenía 20 años cuando me convocaron para la guerra y había hecho el servicio militar a los 19 y enseguida nos llamaron al regimiento. Yo hice el servicio en San Justo y ese día concurrí, nos metieron en un avión y todos pensábamos que iríamos a Comodoro Rivadavia pero siguió vuelo y nos encontramos en Puerto Argentino. Pensamos que nunca iban a venir porque tomar la isla con tantos soldados que éramos parecía muy complicado y pensé que iban a acordar. No estábamos preparados. Yo llegué con la instrucción mínima, llegué con una preparación limitada porque tuve muchos permisos de salida por ser jugador de River.

Daniel Bertoni: “Fue un golpe emocional”

Yo estaba afuera, jugaba en la Fiorentina de Italia y fue un golpe emocional terrible. Mi papá era entusiasta desde Argentina porque le vendían otra cosa y la realidad es que estábamos perdiendo contra las potencias que se juntaron con Gran Bretaña, como Estados Unidos. Nos costó muchísimo. Además varios países sudamericanos también los apoyaron. Para nosotros fueron héroes, que dejaron la vida por nosotros.

Ricardo Bochini: “No quería la guerra contra Inglaterra”

Estaba lesionado por un golpe que me dieron en un partido con Independiente. Me sentía mal porque no quería la guerra contra Inglaterra. Sabíamos que perderíamos porque eran potencias.

Sergio Goycochea: “Fue algo siniestro”

El 2 de abril de 1982 estaba todavía jugando en Defensores Unidos de Zárate y la seguía de cerca porque soy clase ’63. Me había salvado del servicio pero me sentía cerca porque cuando se declara la guerra, los que fueron eran de mi edad. Tomé conciencia cuando pasaron los años. Fue algo siniestro y horrible. Peleamos por la soberanía argentina pero da bronca cómo mandaron a los chicos.

Ubaldo Fillol: “Nos enteramos de la rendición en Alicante”

Viajamos al Mundial de 1982 y la guerra ya estaba iniciada. Me acuerdo que un día en Alicante nos enteramos de la rendición. Lo vimos a Menéndez y sentimos dolor. Hablé con mi esposa, Olga, y cuando le comento lo que vimos, ella me responde que desde allá bajaban el discurso que estábamos ganando. Tardaron un día más en informarlo.

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