Crónica de un festejo anunciado: cómo vivió el Gasómetro su Copa

De la tensión inicial, pasando por el desahogo con el gol de Ortigoza, a la locura que se desató con el triunfo.

“¿Sabés que pibe? ya me puedo morir tranquilo. No me mató un infarto, yo sabía que no me podía ir sin ver esto”. Como salido de un cuento de Fontanarrosa, Alberto, hincha de San Lorenzo quien dice ir a la cancha desde hace más de 50 años, es el fiel reflejo del hincha del Ciclón. Por primera vez en su historia se consagró campeón de la Copa Libertadores de América, un festejo que durará toda la vida.

Fue un día de pura emoción para el mundo azulgrana. Desde muy temprano las inmediaciones del estadio se vieron abarrotadas de gente. Las puertas abrieron 17.30 y en muy poco tiempo la cancha colmó su capacidad. A medida que los minutos pasaban y la hora del inicio se acercaba, los nervios eran cada vez mayores. Agolpados en las bocas de acceso, buscando un hueco para poder mirar con tranquilidad el partido, sacándose de los nervios, poniéndose por el frío las camperas, buzos, gorros o envolverse en banderas.

Fue la popular la primera que se vistió. Primero las tiras azules y rojas que cubrieron su largo. Banderas más chicas, ubicadas donde se podía, luego globos, papeles y una fiesta que se fue trasladando a los otros sectores de la cancha.

En los pasillos, distintas personalidades buscaban su lugar. Marcelo Tinelli a la cabeza, Luis Segura (presidente de AFA) y otros famosos reconocidos hinchas del Ciclón, como Iván de Pineda, Hernán Caire o Tirri, el primo del propio Tinelli. Sin dudas la presencia que más sorprendió fue la de Ricardo Bochini. El Bocha, símbolo de Independiente, estuvo en la cancha y hasta necesitó de la ayuda de más de un dirigente para encontrar su lugar en la tribuna. Viejos jugadores como Acosta, Passet, Biaggio, Manusovich o Monserat, tampoco se lo quisieron perder.

Mientras tanto, la tensa espera por el comienzo. La primera gran ovación fue para Torrico, cuando salió al campo de juego a realizar los movimientos precompetitivos. Luego a Lammens, el presidente del Ciclón, y hasta para Angel Correa, lesionado y vendido a Atlético Madrid homenajeado antes del inicio el partido.

Con el partido en juego la ansiedad pasó a ser nervios, el equipo no lograba acomodarse. Nacional lo presionaba, la defensa no hacía pie y atacando el equipo no lograba profundidad. Los primeros aplausos fueron para un tiro de Buffarini, que pasó lejos. Antes, dos claras para el conjunto paraguayo que algunos familiares de los jugadores de Nacional se atrevieron a festejar en la platea Norte, siendo muy mal vistos por los hinchas del Ciclón.

La mano de Coronel se gritó casi tanto como el propio penal que convirtió Ortigoza . Llegó esa ayuda para rescatar a un equipo que no hacía pie. Algunos eligieron no ver el penal de los nervios. O de espaldas a la cancha o tapándose los ojos. “Gritalo, grítalo”, fue el comentario de un padre a su hijo, mientras se fundían en un abrazo festejando el gol.

Los nervios de la tribuna estaban en los propios jugadores y hasta en el técnico. Edgardo Bauza no paró de dar indicaciones y en el segundo tiempo, cuando la hora de la victoria se hacía cada vez más concreta, su excitación era mayor. Tanto que explotó de bronca cuando el cuarto árbitro no hacía el cambio de Verón por Cauteruccio, ya que estaba acompañando afuera de la cancha a un alcanza pelotas que, expulsado, no salía del campo de juego. Villalba, quien en el segundo tiempo jugó siempre por el lado del banco de suplentes, fue a quien más le habló el entrenador.

El reloj se acercó al final. San Lorenzo sabía que el triunfo no se le podía escapar y recién allí comenzó el festejo: gritos, aplausos, llantos, abrazos. Desde abuelos a padres e hijos, todos envueltos en la misma alegría. El “dale campeón”, sonó en los cuatro rincones del Nuevo Gasómetro y los fuegos artificiales de afuera que marcaron el final, o el principio para San Lorenzo: por primera vez ganó la Copa Libertadores.

Esa “obsesión” tanta veces cantada por sus hinchas, más en estos últimos años, ya es una realidad para San Lorenzo.

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