domingo, enero 25, 2026
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El tatuaje ya es parte de la norma en Argentina aunque persisten prejuicios en el trabajo

Lo que hace apenas dos décadas se veía como un gesto “subterráneo” o de rebeldía, hoy se consolidó como una marca identitaria masiva en la sociedad argentina. Un nuevo informe privado revela que 6 de cada 10 argentinos llevan al menos un tatuaje, aunque la aceptación social todavía choca contra un límite duro: el ámbito laboral.

El estudio Radiografía del Tatuaje en Argentina, elaborado por el Centro de Investigaciones Sociales (CIS) de la UADE, confirma que la tinta dejó de ser una moda pasajera para convertirse en parte integral de la vida cotidiana, especialmente entre jóvenes y mujeres.

El relevamiento, realizado sobre más de 2.000 casos, expone una brecha de género llamativa: las mujeres tienen, en promedio, un 50% más de tatuajes que los varones (3 diseños contra 2). Además, quienes deciden entintarse rara vez se detienen en el primero: el 32% de los tatuados posee más de seis, transformando el cuerpo en un auténtico “archivo” de experiencias.

El informe también derriba prejuicios históricos: menos de 1 de cada 10 personas (apenas el 15%) lamenta haberse tatuado. La motivación principal ya no es la estética (7%), sino la búsqueda simbólica o personal (41%), desplazando el diseño por el significado.

A pesar de la masividad, los prejuicios persisten. El 75% de los encuestados señala al ámbito laboral como el espacio donde los tatuajes todavía generan miradas críticas.

– Sectores amigables: Marketing, Tecnología (IT), Diseño y Gastronomía concentran la mayor cantidad de personas tatuadas, donde la tinta se interpreta como un capital simbólico de creatividad.

– Sectores tradicionales: En Derecho, Salud y Finanzas, aunque la práctica está normalizada, persisten tensiones vinculadas a la “imagen profesional” y los códigos de vestimenta.

El optimismo, sin embargo, gana terreno: el 49% de los encuestados imagina que dentro de 30 años sentirá orgullo por sus tatuajes, consolidando la idea de que la tinta es una narrativa biográfica permanente y no un error de juventud.

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