Entrevista exclusiva con Diego Capusotto

A punto de estrenar la novena temporada de su programa ícono, da algunas pistas sobres los personajes que cobrarán vida y el fanatismo que genera. Y deja en claro su pasión por la política: por qué apoya al kirchnerismo y ve a la oposición como un “ciudadano indignado”. Nota de la revista Veintitrés.

No es del todo cierto que los artistas sean impuntuales. En un rincón del bar de Barracas espera de pie, un minuto antes de la hora pactada, Diego Capusotto. Tiene cara de cansado, pero en cuanto el grabador se enciende, habla animadamente. La excusa para la entrevista es la vuelta, una vez más, de Peter Capusotto y sus videos, el lunes 25 a las 22.30 por la TV Pública, y la conversación se irá deslizando para el lado de la actualidad. Es que el programa, a lo largo de ocho temporadas, también extrajo personajes de la política.

La dupla que compone con el guionista Pedro Saborido sabe que la audiencia los está esperando. Ya adelantaron en el armado y edición de varios programas. Se desconoce si el ciclo va a contar con Violencia Rivas, el padre progre o Micky Vainilla, pero el actor da alguna señal. “Hay mucho de nuevo. Generalmente no doy adelantos para que el espectador se encuentre ahí. En la medida en que aparezcan esos personajes nos moviliza para seguir haciéndolo. También, para que los que siguen el programa pregunten. Está bueno desarrollar personajes que tengan la misma o más importancia que los que ya existen. Hacer nuevos nos implica una actividad más interesante porque no sabemos su desarrollo posterior y hasta dónde va. Si no, es hacer como un especial nostálgico donde en dos horas haríamos los personajes y sería algo así como un festival de despedida”, dice a revista Veintitrés. 
–¿Bombita Rodríguez sigue vigente?
–Creo que Bombita Rodríguez continúa vigente en la medida en que se pueda encontrar en otras acciones. La idea de Bombita en medio de la escena de los años ’70 le permite transitar situaciones por las que probablemente un militante no pudo. Es ya un personaje fantástico que podría tomar elementos de esta coyuntura transformados en otra cosa, como si se hubiese anticipado a lo que ocurre hoy. Un personaje netamente ficcional más que documental, que puede atravesar situaciones como si fuera King Kong o Bombita y los Siete Enanitos.
Es posible que algunos de los personajes exitosos vuelvan. Y si Capusotto dio esa pista, puede que el militante bigotudo de canciones simplotas y pegadizas se asimile a la realidad actual: “Si hablamos de los últimos tres años, me parece que ahora hay una especie de depresión en la cuestión económica y un bombardeo territorial que se hizo más ostensible a partir de aquel triunfo de Cristina en 2011 y cómo puede horadarse desde los sectores de la oposición”.
–¿Qué expectativas tiene?
–Veo una distancia menor de algo que no sabés si finaliza para convertirse en oposición, porque no se sabe cuál va a ser la cabeza de la continuidad, y desconozco qué pito puede llegar a tocar Daniel Scioli dentro del oficialismo. Yo sigo creyendo que el kirchnerismo es el único que puede provocar algún tipo de discusión o elemento de tensión que permita pensar en términos de más profundidad de las políticas, o bien, cuáles son las dificultades de esas políticas o lo que no se completó. La oposición, en cambio, es una especie de ciudadano indignado que hace como si acá no hubiese pasado nada y todo lo que pasa, ocurre hoy. Es una estrategia bastante berreta e inocua, vacía de contenido. No tengo en claro las propuestas de la oposición, que intuyo van a ser para peor, como tampoco si llevarán adelante políticas transformadoras.
–No se lo nota muy optimista.
–Uno siente y se alarma ante la posibilidad del desgaste del poder formal y su lucha con el poder real. Hay sectores que impulsan un diálogo en términos de una eficacia política que en realidad no es más que un diálogo entre ellos. No sé que podrá pasar con YPF o con las AFJP con otra estructura política. No sé qué puede pasar con lo que se avanzó y con la resolución de lo que no se avanzó.
–¿Lo asusta el 2015?
–No sé lo que viene. ¿Quién puede tener la alternativa de poder? Me parece que en UNEN hay una izquierda moderada… y creo que el kirchnerismo está más a la izquierda de la sociedad que UNEN, un proyecto deshilachado como otros con esa figura de Carrió que es una especie de patán declamador casi místico que pasó de dos millones de votos a 600 mil o 400 mil. Hay palabras de otros que chocan contra Lilita, como si a esas palabras se las comiera ella. Me puedo imaginar a Massa posicionándose con otros sectores del peronismo pero no tengo una expectativa de mejora. En algún punto, lo de Massa es más previsible. El miedo es que se arrase en lo económico, eso de que todo lo que se hizo no sirvió, como cuando los profesores dicen: “Chicos, ahora a clases”. Hablo de posibles escenarios, como el tipo que viene a anunciar políticas de privatización manejadas de “otra manera”, eso asusta. También creo que el tema de los enjuiciamientos a los represores puede ser un “hasta acá llegamos”. Hay un peligro de que eso quede a la distancia pero se va a seguir peleando y un ejemplo es el de Estela de Carlotto, que es una figura que se abre a la gente. Su lucha y su logro no sólo tocaron a los que tenemos algún interés por la reparación y el pedido de justicia. Los derechos humanos, para algunos sectores no son de importancia. Quizás ese capital simbólico no se toque y sí otros elementos más relacionados con lo económico.
–¿Y en lo personal?
–Tengo una mirada más colectiva que de mi propia situación ante lo que pueda pasar. Yo puedo seguir actuando y la cosa no pasa por las inquietudes personales, como si uno dijera: “¿Qué me importa? Total, yo laburo”.
–¿En su casa se habla de política?
–Sí, mi hija de quince años se interesó por la militancia y está en el Movimiento Evita por su propia cuenta.
–Hablemos del ámbito de la cultura.
–La cultura debe moverse por sí sola y no esperar a que Massa o algún otro arme algo. Me parece que si gana alguna otra fuerza habrá que aceptarlo y ver por cuántos votos. Y habrá que resistir con valores que deben ser defendidos. No puedo pensar que aparece un tipo y mi vida está definitivamente en peligro pero bueno, cuando el Pro habla tiene esa cosa de jóvenes que vienen con proyectos e ilusiones de buena fe, como si la política se hiciera desde el banco de una plaza donde todos nos sentamos a ver a los niños y decir: ahí está el futuro. Esos pibes te pueden estropear la fiesta, porque vienen con la policía. Yo, por ejemplo, fui testigo de Trotsky. Iba casa por casa hablando del proletariado. La gente se confundía y pensaban que Trotsky era del Pro. Mirá qué confusión.
En medio de tanta reflexión y perplejidad, Capusotto cuela un chiste y continúa con otro. “Después me hice de la Triple K y como no había fierros ni dirigentes a quien matar, me hice del Frente Removedor, que es la posibilidad de una Argentina que va a terminar mal o removida”.
Se acerca una chica, lo saluda con un beso y le dice lo buena persona que es. Deja tres estampitas en la mesa y se va con diez pesos. “Es verdad, soy una buena persona, aunque no quiero ser autorreferente”, se ríe Capusotto, y la sigue con Carrió: “Ella tiene esa impunidad de decir: ‘Me levanto y me voy a comer una pizza a Los Inmortales’. Es como si Boudou dijera: ‘Bueno, no estoy mucho en el tema del juicio porque estoy fumando porro todos los días’”.
–Me imagino que no se le escapa el tema de los fondos buitre.
–Los buitres no solamente son una disputa de un imperio. Todos sabemos que el poder real está lleno de delincuentes pero que son inalcanzables y por eso nos preocupa más el pibe de la villa que te viene a afanar: porque anda por tu territorio. Es que contra el asesino mayor no podés hacer nada. Hay políticos que no es que son parte de los fondos buitre sino que aprovechan a los buitres para generar escenarios que hagan creer que es un problema de los mismos buitres con el Gobierno y no con todos nosotros. A mí el tema me preocupa pero no sé hasta dónde se llega, si a un arreglo o a una derrota inapelable. Y en la medida de cómo se lo maneje bien o mal, se lo interpreta como un problema del Gobierno.
–¿Entonces hay más buitres acá que afuera?
–Los buitres internos son los que quieren desviar el origen de la cuestión. Hay excepciones. Roberto Lavagna formó parte del gobierno y no está horadando como si los fondos buitre fueran un mal manejo del gobierno. Esos buitres intentan generar el fracaso y son esos mismos tipos los que por ahí dentro de tres años tengan algún cargo. Los escenarios nos dan pie para el humor porque con el humor intentamos dinamitar esas creencias tomando distancia y no creyendo, o burlándonos de ellos. Los escenarios son abarcadores. No están centrados en dos o tres personas porque en dos o tres personas la gente no confía. No hay periodismo independiente y los que le hacen la segunda al actor principal son los empleados mediáticos. Después, están los que aplauden por formalidad, porque la obra terminó.
–Pero también hay antibuitres.
–Hay cosas buenas, mucha gente rescatable que camina con nobleza. Uno tiene una alianza con gente que no tiene una mirada única de la propia vida. Uno no se pone en observador sino que tiene una pertenencia. Hay cosas por las que tomar partido, donde depositar un imaginario positivo, aunque a veces la distancia es necesaria para ver con más claridad. Hay cuestiones que nos exceden. La novedad sería no morirnos.
–¿Tenían ganas de volver a la televisión?
–Muchas, porque hay algo del orden de la importancia personal para nosotros. En la previa, armar al programa es como darle más sentido a la existencia, como que estamos haciendo algo que al mismo tiempo te activa a hacerlo. Yo me pongo bastante exultante cuando vamos a salir con el programa, una alegría que completa. Hay momentos de felicidad y de intensidad emocional como la primera vez.
–¿Será porque saben que los están esperando?
–A esta altura, el programa tiene una especie de circulación que no sé si suma más seguidores. Es como avisarle a alguien que hay un recital y vamos. O como una banda que metió tres discos buenos y entonces comprás el nuevo y lo querés compartir con tus amigos. Como cuando esperábamos la salida de una revista o una película. Es cierto también que hay una generación que hace ocho años, cuando empezamos, tenía diez, y hoy tiene 18 y lo va a ver.
La gente que entra al bar pide fotos. A Capusotto se le cae un billete y las llaves del auto. Vuelve sobre el problema de ser testigo de Trotsky. No se sabe cómo, pero la charla desemboca en Isabelita: “Estaba con unos amigos y nos preguntamos sobre Isabel Perón. ¿Qué pasó? Sería interesante saber de ella, porque es como una autista que nunca supimos que estaba. Es una persona que seguramente va a la peluquería para hablar de la última novela del canal 17 de Madrid. Uno imagina a Perón, a López Rega, a Jorge Antonio, a la P2, a Montoneros… ¿e Isabel, que no habló más? Por ahí, en este momento está con la cabeza debajo del secador de pelo diciendo: “Sí, yo fui la mujer de Perón”, y los demás creen que está loca. No sé si esa realidad está concatenada con esta Argentina que no sabés si es una idea a completar.
–¿Perón vuelve?
–Perón devuelve. Quiero comunicarles que algo le cayó mal, y devuelve.
Peter & Diego en cifras
14  capítulos tendrá la novena temporada de Peter Capusotto & sus videos.
5   Martín Fierro lleva ganados: dos como mejor programa humorístico, dos para Capusotto como mejor actor de comedia y uno para Pedro Saborido como mejor guionista.
297.569  seguidores tiene el programa en YouTube.
1   libro publicado en 2009 reúne a los personajes más representativos del envío.
La grieta, ficción y realidad
“Hay voracidad por opinar”
“Esto que pasa es en serio. Si ficcionalizamos todo, nos va a encontrar la tragedia en el medio de un quilombo. La posibilidad de que se creen escenarios inverosímiles existe. Hay una especie de voracidad, que se ve también en los medios, de opinar pero pasando por arriba la opinión del otro. Para algunos sectores, la opinión de Szifrón se hizo desde la progresía K. Esa división genera un lenguaje de ficción donde lo que vos opinás es en contra del tipo que está enfrente. Pasó con nuestro programa. Según un crítico, pareciera que los que lo veían eran una especie de fanáticos que no podían soportar que hubiera gente a la que no le gustara. Y que esa gente era más racional porque, o no entiende algunos códigos de la cultura rock, o simplemente no se ríe, lo cual sería más racional. Como si todos los que ven el programa fueran unos exacerbados que no pueden soportar que a alguien no le pase nada. Bueno, ese no deja de ser un escenario político”.
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