Federico Grabich: "El año que viene puedo nadar abajo de los 48 segundos"

El santafecino ganó la medalla de bronce en los 100m libre en el Mundial de Kazan y se entusiasma con el progreso que puede mostrar de cara a los Juegos de Río 2016.

Después de un gran logro, las primeras horas son de excitación y de felicidad, de apuro y protocolo. Saludos, felicitaciones, ceremonia de premiación, control antidoping, etcétera. Luego, el regreso al alojamiento oficial y allí sí, el primer acto elegido por Federico Grabich fuera de la actividad programada. Es un llamado vía Skype, Kazan-Casilda, para hablar con su mamá, Liliana, y su papá, Sergio.

Con ellos todo es natural, no hay consideraciones extras. Allí habla sólo Fede, y no el primer argentino que se sube a un podio en una competencia de piscina en un Mundial ; el hombre que a los 25 años acaba de establecer un hito en la historia de la natación al ganar la medalla de bronce en los 100m libre, una de las pruebas más importantes del Mundial en Rusia.

“Lo primero que necesito ahora es volver para estar con mi familia, unos mates con mis amigos, salir a tomar a algo. Lo necesito. Realmente tiene que ser una semana de descanso. Un tiempo para descomprimir la cabeza. Algo que no sea agua”, dice en una charla telefónica después del contacto familiar.

Grabich ya había conseguido un logro inesperado con sus dos medallas en los Panamericanos (oro en los 100m y plata en los 50m). Ahora, superó todas las expectativas.

-¿Esperabas algo así?

-Es una alegría muy grande y me motiva mucho en el último año previo a Río. El Panamericano fue muy parecido a los Juegos Olímpicos, había mucho nivel. Quería tirar mis mejores marcas en Toronto porque sabía que en el Mundial iba a ser más difícil correr más de una vez, entrar a semis o a la final. En el Panamericano había más chances de que me clasificara a la mayoría de las finales. La marca A ya me había salido mucho antes y fue mucho más relajado en busca de una medalla. Obviamente, venir a un Mundial dos semanas después de ganar un Panamericano es algo fantástico. Me agarró justo en mi mejor momento y ahí estuvo la clave.

-Te subiste al podio en competencias próximas y con un viaje entre las dos. Es algo que complica mucho a los nadadores. ¿Qué fue diferente esta vez?

-Tuvimos un viaje de Toronto a Europa que duró un día y medio. Pero hubo tiempo para recuperarnos. Fue muy acertado irnos directo a Europa, así no teníamos que meter un viaje a la Argentina. El desgaste estuvo más en lo mental. Encarar dos torneos de esta magnitud no es una cosa fácil. A mí nunca me ha salido bien encarar muchos torneos buenos seguidos. Toda la emoción que traía del Panamericano me ayudó a tener esta confianza acá.

-¿Qué cambió para que des un salto de calidad tan grande?

-Este último año y medio me entrené diferente y fuerte. Concentrado en lo que quería lograr. No lo atribuyo ni a la suerte ni a la casualidad. Me vengo preparando hace bastante.

-¿Qué cosas cambiaste?

-Entrenar a más nivel. Yo hacía más cantidad de metros y muchos al pedo. Ahora me entrené menos metros, pero con una calidad muy parecida a la prueba. Ahí estuvo la clave. Todos los días hacer algo que me acerque al nivel de Río o, en este caso, a los Panamericanos o el Mundial.

-¿Tenés margen para mejorar tus marcas?

-Siento que puedo mejorarlas bastantes. Que para el año que viene puedo nadar abajo de los 48 segundos. Ese es el objetivo, porque estoy ahí, a unas centésimas.

-Parecen cosas imperceptibles. ¿Qué te falta para hacerlo?

-Más laburo de gimnasio. Todavía estoy casi virgen en eso. Mi subacuática es pésima a nivel del que tuve hoy (por ayer), me sacan mucha ventaja. Mejorando esos pequeños detalles… No digo siendo el mejor en el subacuático, pero estando en un nivel relativamente mundial, creo que ahí puede estar mi ventaja. Al nado puro ya no le puedo exprimir más.

-¿Te gusta ese trabajo de estudio de tus videos o lo hacés como una obligación aburrida?

-No, no. Los miro mucho, incluso con un biomecánico argentino, que es preparador físico y también entrenador de natación, que se llama Germán Calvelo. Sacamos todos los cálculos: la velocidad, la mayor eficiencia. Me encanta realmente ver la parte donde fallé. No me sirve de nada ver lo que hice bien. Me sirve más lo que tengo que mejorar.

-¿Sos obsesivo?

-No. Justamente lo contrario. Si bien me cuido y me entreno muy bien, me encanta hacer otras cosas. Pienso en natación cuando estoy adentro de la pileta. Cuando salgo, tengo una vida completamente normal. Creo que esa también es una de las claves que me ha ayudado a seguir en este deporte. Me gusta mucho pescar, pasar tiempo con amigos, con mi familia. Un poco de todo.

-¿Cómo manejarás esta presión que se va a generar?

-Mantengo lo que decía antes de Toronto: mi objetivo es entrar en una final olímpica. Nadie la tiene asegurada antes de un Juego Olímpico por más que seas el N°1 del ranking. La meta es entrar en una final de los 100 libre y acercarme en los 200. Todos van por la de oro y yo sé que es una carrera difícil, pero voy entrenarme para que sea lo mejor para mí.

-¿Sos un caso aislado o hay un crecimiento general en el país?

-Sacándome a mí y a Santi (Grassi), que logramos las medallas en Toronto, el 90% del equipo ha mejorado su marca. Y si no la mejoraron, seguramente la van a mejorar. Falta mucho para decir “vamos a los Juegos a pelear por algo”, pero con lo que se logró se puede ayudar al deporte en general y a la natación. Que los que me ven entrenar a mí, que son mis compañeros de selección, no piensen que es algo de otro mundo subirse a un podio mundial. Algún día puede tocarle a ellos.

48S12

fue el tiempo con el que Grabich terminó tercero en la final de los 100 m libre ayer, en Kazan. Quedó a sólo una centésima del récord argentino, que consiguió en el primer relevo de la posta 4×100 en los Juegos Panamericanos de Toronto.

0.67

fue el tiempo de reacción de Grabich en la final: “Siempre estoy entre 0.66 y 0.69”, dice. Sobre su supuesta mala partida en Toronto (la planilla de la final indicó que fue 0.81), comentó: “Revisamos el video, no hay diferencias. Es un error de la placa en Toronto”.

EL VÍNCULO CON LA FAMILIA SAMPAOLI

En Casilda, los Grabich son vecinos de Jorge Sampaoli, DT de la selección chilena. “La madre de él vive en frente de lo de mi abuela y son íntimas amigas desde hace 30 años. Jorge fue técnico del club donde yo entrenaba. Si mi abuela, iba a jugar a las cartas, me llevaba y yo jugaba a la Nintendo con los hijos de Jorge”.

MÁS TARDE RESPECTO DE LOS GRANDES

La plenitud de Grabich en el alto rendimiento se produce a los 25 años, en un contexto desfavorable respecto de los más grandes nadadores en sus respectivos países. La falta de infraestructura en la Argentina y un desarrollo de la actividad con un presupuesto histórico claramente inferior, provocaron el casildense explotara con más edad en comparación con los gigantes. El norteamericano Mark Spitz brilló a los 22 años, con siete medallas doradas en las siete pruebas de los Juegos de Munich ?72. Con apenas 19 años, su compatriota Michael Phelps ya descollaba con seis oros y dos bronces en Atenas 2004. Y el australiano Ian Thorpe sobresalió a los 17 en Sydney 2000 (3 oros y 2 platas)

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