Las preguntas que dejó la caída de la Selección

¿Se equivocó Martino? ¿Por qué Messi no puede? ¿A qué fue Carlos Tevez? ¿Hay ciclos terminados?

Nunca una derrota había decepcionado tanto. Nunca tanto la mayoría de los que quieren bien a la Selección se sintieron traicionados. Como nunca, hubo que bajar la cabeza y silenciarse ante las críticas a Lionel Messi. Esta vez parece no haber defensa posible porque en la final de la Copa América 2015 ante Chile, con excepción de Javier Mascherano, no se envió desde la cancha (ni desde el banco) un mensaje de carácter, de esfuerzo, de atrevimiento, de eso que va por dentro y tiene la fe (y las ganas) de un amateur.
 
Contra Chile fue un partido equívoco desde el planteo, es decir, desde antes de empezar.Se sabía que los trasandinos iban a asfixiar a los argentinos, que no los dejarían jugar y cumplieron con el objetivo. A los 24 minutos del primer tiempo, sin embargo, acaso una señal divina le dio una oportunidad a Gerardo Martino de remendar algo del error: se lesionó Ángel Di María y el partido pedía a Carlos Tevez (si no juega una final un futbolista con 21 títulos, ¿cuándo?)… a la cancha fue Ezequiel Lavezzi.
El local no arrollaba futbolísticamente a la “albiceleste” pero sí desde lo dogmático, considerando el planteo táctico de Jorge Sampaoli como la clave del partido. El segundo tiempo fue acaso la otra gran oportunidad -desaprovechada- del “Tata”: Sergio Agüero ya no gravitaba y entonces (¿Tevez?)… entró Gonzalo Higuaín. No venía “Pipita” de una gran temporada en Italia y sobre sí tenía el gol errado en la final del Mundial. Falló también la chance más clara del partido en el descuento de los 90 y luego su penal en la tanda de la definición.
A 10′ del final del tiempo reglamentario el técnico argentino hizo uso del tercer y último cambio (¡era Tevez, Martino!): sacó a Javier Pastore y mandó a la cancha a Ever Banega, cuyo penal fue atajado por Claudio Bravo.
Gerardo Martino nunca entendió el partido. Nunca supo cómo jugar la final y aunque en los 90 más el suplementario el partido terminó 0-0, fue goleado tácticamente por Jorge Sampaoli.
Se reconoce a Gerardo Martino como un DT pensante, analítico. Durante los partidos, sin embargo, suele comportarse en forma indisciplinada y el mensaje, entonces, es contradictorio. En sus apariciones ante la prensa reclama serenidad y se muestra crítico con quienes sólo reconocen el triunfo. En la cancha es otro: grita, desafía, gesticula ampulosamente y hasta se hace echar.
Su mensaje tras la final perdida ante Chile fue acaso el cierre de un día fallido en todos los planos. En lo táctico, en las decisiones durante el partido y en el pos. Decir que “Argentina jugó bien y mereció más” fue acaso lo más equívoco de una jornada en la que nada se hizo bien. La autocrítica es el primer paso para avanzar. El técnico argentino, no quiso hacerlo.
Su ciclo en la Selección hoy está bajo la lupa. Por resultados, por juego, por el desempeño individual y colectivo. Tendrá oportunidades en próximos amistosos de empezar a cambiar, de dejar los caprichos a un lado. Los amistosos, sin embargo, no pasan a la historia. Para la escena grande, para lo que importa, ahora falta demasiado.
Acaso la pregunta más difícil de responder: ¿Qué le pasa a Messi? De su fútbol nadie duda, ni siquiera los que dudan. De su capacidad futbolística harto probada, menos. De su liderazgo, hoy, muchos más de los que ayer no creían. ¿Puede alguien pensar que a “La Pulga” no le importa la Selección cuando juega prácticamente todos los partidos, oficiales y el resto, cruzando prácticamente el mundo para ponerse la albiceleste por 90 minutos? ¿Puede alguien creer que no da todo de sí? Quizá sea el momento de analizar por qué le pasa lo que le pasa en este equipo, en este grupo, en esta sociedad, y dejar a un lado el miedo de sacarlo cuando no juega como se pretende de acuerdo a su indiscutido puesto de mejor del mundo.
Apenas finalizado el encuentro y en tono desafiante Gerardo Martino dijo que no veía motivos para cambiar nada. Los hay en demasía pero el DT, ocupado en no reconocer los errores quizá como escudo de defensa, eligió no hacerlo. La derrota con Chile y todo lo anterior del torneo dejó en claro que el tren de la Selección pasó para muchos o que, acaso, sean varios los que ya no tengan el puesto asegurado. Algunos por edad, otros por rendimiento.
Y en la faceta de los “merecimientos” fueron varios los que, adentro entre los 24, no supieron cómo. No debe tener miedo Martino o el técnico que sea para dejar de llamar a los nombres puestos y darle lugar a los nuevos, a los que empujan, corren y quieren. En la Selección deben jugar los mejores y la calidad, hace rato, ya no es cuestión de apellidos. Se llame Messi o Gómez, de
jugar al fútbol se trata.
Fuente: Infobae.com

 

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