Martín Bossi: gran showman argentino y líder de la taquilla

Es uno de los pocos artistas capaces de actuar, cantar, bailar, divertir y conmover al frente de un music hall de grandes proporciones.

En un clásico bar porteño, a metros del teatro que lidera la lista de recaudación, sirven el café con unas galletitas de gentileza. “Reina, ¿te quedó algo de budín de limón, ese que tiene azúcar arriba? Me gusta más que las galletitas”, le dice a la moza y le guiña el ojo. Ella lo niega, y, al instante, en voz baja, le dice que, por tratarse de él, hará una excepción. Mira a una parejita de adolescentes sentados en otra mesa y comienza un análisis de la situación sentimental de los desconocidos, con una simple lectura de sus gestos. Martín Bossi es un hombre con calle y un actor mimado de la avenida Corrientes. Entrevistarlo es una tarea sencilla. Es, sobre todo, para el periodismo gráfico, lo que se denomina una máquina de tirar títulos. No tiene ningún apuro, habla hasta por los codos, es un profesional arriba y debajo de los escenarios. “Disculpame esta desprolijidad”, dice cuando suena su celular.

Big Bang Show es la nueva propuesta de Bossi, una obra donde imita a más de 10 artistas extranjeros (Joe Cocker, Louis Armstrong, Rod Stewart, Elton John, Frank Sinatra, Axl Rose y Freddie Mercury, entre otros), donde pronuncia un monólogo y donde se da el gusto de rendirles homenaje a los capo cómicos que marcaron su vida: Pepe Biondi, Tato Bores y Alberto Olmedo.

-¿Cómo definirías tu humor?

-Es mi forma de ver la vida. La actuación es una opinión. Cuando era más chico opinaba a través de la imitación de Fito Páez. Dios me dio una virtud que es copiar. Con esa virtud estudié danza, actuación y canto para estar entrenado para poder hacerlo.

-Al revés de lo que ocurre con la gran mayoría de actores, ¿sentís que hablás demasiado de tu vida en las entrevistas?

-Es que no cuento nada. Mi mundo es muy grande. Sí, hablo de mi vida, pero no de mi vida privada. No sabés con cuántas mujeres salgo a la vez, si ando con enanos.

-Ni te lo preguntaría, ¿para qué?… Aún así estás bastante expuesto.

-Igual tengo ya mucho ejercicio para contestar cualquier cosa. Vos te estás ocupando de mi vida, ¿por qué no te voy a contar? Y lo mismo me pasa en el teatro. Creo que uno de los secretos por los cuales la gente viene a verme es porque doy algo de mí con cuentagotas. Y voy a seguir dándolo todo hasta que tenga 90 años.

-¿Hubo gente que te puso palos en la rueda, que te dijeron que no lograrías nada?

-Sí, pero, ¿sabés qué? Fueron todos maestros. Hasta la muerte, que se llevó a mi papá cuando tenía 19 años, me enseñó.

-¿Te afectan las críticas?

-Sí. Lo admito. Soy muy sensible y las críticas me desnudan. Me dan vergüenza porque hablan de lo que realmente soy.

-¿Y quién sos? ¿Cuánto del actor usás cuando no estás trabajando?

-Lo usé mucho en mis principios. Pero el camino de la verdad es lo que me está salvando ahora. Mentí mucho para decir la verdad, me enmascaré.

-¿Cómo?

-Me disfracé de Mariano Iúdica, por ejemplo, para contar mi verdad de lo que pienso sobre los conductores de TV. Me disfrazo de Calamaro para contar lo que opino sobre los poetas del rock.

DEL BARRIO, CON AMOR

“El deporte es una cosa y el arte es otra”, pero en Bossi ambos se combinan de modo vital. Fanático de Los Andes, gran jugador de fútbol y tenis, dice que una forma de hacer yoga es salir a correr. Casi llega a convertirse en tenista profesional si no fuera porque comenzó a tomar clases de actuación con Víctor Laplace y Néstor Romero. Luego vendría un recorrido por algunos salones de fiesta de la zona sur donde imitaba a famosos, hasta su oportunidad en Vale la pena, con David Kavlin, en Telefé. Luego vendría Patito feo, Los únicos y el pico de exposición en “Gran cuñado”, donde imitó a la Presidenta (ver recuadro).

“Hoy en la avenida Corrientes se siente como en casa, en Lomas de Zamora, donde nací y me crié. La gente hoy me saluda. Logré en el país lo que me pasaba antes en el barrio. Era el hijo de «la Quela» (Raquel Álvarez, reidora de programas de El Trece) y «el Jorge». Todos me conocían y me sentía contenido”, celebra.

Hay un momento donde Bossi se pone serio y no busca ningún efecto en su interlocutor. Tiene que ver con sus años de estudiante. “Fui a un colegio de curas y la pasé muy mal. Recién ahora, con el papa Francisco, me estoy reconciliando con la religión. Dios es mi amigo, te aclaro. Una vez mencioné con nombre y apellido a esas personas que tan mal se portaron conmigo. Hoy me arrepiento. Hasta que me echaron y fui a un colegio público, el Vicente Sierra, que no tenía ni puertas ni ventanas. Y lo nombro, porque me ayudaron a encontrar  mi vocación.”

-¿Te interesa una carrera internacional?

-Sí. Pero con mi casa acá, viviendo en la Argentina. Sueño con cantar en el Madison Square Garden, como hizo Sandro. Y llevar mis ideas y opiniones a todo el mundo. De hecho estamos tocando en el show temas e ideas que distintos públicos pueden decodificar.

-¿Qué significa ser un actor popular?

-Creo que soy básicamente una “media” muy buena para la gente, así entre comillas. Digo: “Soy del medio”, pero no me refiero al medio del espectáculo, sino al que pertenece a la gente. Trabajo como actor, no como artista. Me falta mucho para serlo. “Nosotros los artissstas.”, dicen los que hicieron un reality. Cuando no actúo vivo como vive cualquiera. Soy una persona que vive en un barrio y que sufre lo que sufrimos todos.

-¿Quién fue el primer personaje que imitaste?

-¡Uy! No sé. es una actitud instintiva. Por eso aprendemos a caminar. ¿A Enrique Iglesias? No. A la mamá de un amigo. Me hacía pasar por ella por teléfono y autorizaba a Fabián a ir a lugares donde no nos dejaban ir.

-¿Qué personaje te costó más componer?

-De verdad, puede sonar raro, pero esos 40 minutos de stand-up en el show fue lo que más me costó hasta el momento. Me llevó 39 años de mi vida, para enfrentarme al público y para decir lo que pienso del mundo: “Quiéranme o no, pero en esto creo”. Con todos tengo un mismo método. Primero, saco la voz, después el cuerpo y movimientos y, después, el alma.

-Y a vos, ¿te imitan?

-Sí, y me da mucha risa. Imitan algunos rasgos físicos que hago con mi pelo, con mi panza, que me toco los abdominales, actitudes.

Bossi celebra el éxito con bajo perfil. En una mesa cercana está su amigo de tenis, hoy devenido en productor teatral, Diego Djeredjian. Se retira del bar y un grupo de mujeres lo detiene para conversar. Les pide disculpas, con beso y abrazo, porque ese encuentro no podrá ser. El fotógrafo lo espera. Quizá sea ése el secreto para consolidar una carrera popular: soñar en grande hablando el lenguaje de la calle, sin olvidar los orígenes ni el barrio.

EL LLAMADO DE LA PRESIDENTA

“Que use tacos cuando me imita porque me hace quedar petisa”, dijo
“No imito a políticos, no me interesa”, dice Bossi y es cierto porque usa este verbo en presente, aunque el público general lo conoció en “Gran cuñado”, el segmento de ShowMatch, cuando interpretaba a los mismísimos Cristina Fernández de Kirchner y a Mauricio Macri. “Para hacer a la Presidenta me propuse buscar a la mujer que hay en mí. Cuando sos jefe de un país, sos la máxima autoridad, entonces intente hacer eso, ejercer autoridad”, explica. Cuenta divertido que por esta caracterización la Casa Rosada se comunicó con la producción de Marcelo Tinelli. ¿La mandataria se había enojado? Nada de eso. “«Que Bossi use tacos cuando me imita, porque con las chatitas me hace quedar petisa». Ése fue el mensaje que envió. De verdad. Y ahí me di cuenta de que lo estaba haciendo muy bien.”

Fue elección del actor interpretar a la Presidenta. “Quería la mayor responsabilidad posible. Estaba dispuesto a asumirlo. Fue un momento muy simpático de mi vida que me dio una gran popularidad y que coincidió con mi despedida de la TV. Lo mío es el teatro.”

EL TURNO DEL CINE

La dupla Martín Bossi-Emilio Tamer (director del show) se puede encontrar en el teatro y, en breve, también en el cine. Juntos preparan una película con guión y dirección de este último, maestro de stand-up y director del mítico Varieté del Farabute. Ambos producirán esta comedia romántica junto con Fernando Sokolowicz. Bossi interpretará a un bohemio de San Telmo: “Estoy viendo el mundo interior de gente que vive allí, que consume ciertos libros y escucha determinada música”, cuenta entusiasmado.

Además, Bossi comenzó a filmar una película sobre la vida de Alberto Olmedo, comandada por Mariana y Marcelo, los hijos del capocómico, producción que se suspendió por problemas económicos. “Me preparé seis meses durante ocho horas por día. Es la composición que más tiempo me llevó, además de 30 años de vida, viéndolo diariamente. Creo que todos tenemos nuestro Olmedo dentro. Me di un gusto de homenajearlo en teatro porque no pude hacerlo en cine, pero ojalá se retome”.

Fuente: La nación

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