"Juega porque la llama sigue viva en su interior"…

El suizo luchó hasta el final y se despidió de Wimbledon a lo grande. 

Las lágrimas de un poeta inigualable

Los ojos vidriosos no engañan. Su mente viaja en el tiempo. Una lágrima le recorre la mejilla derecha y antes que caiga, se la seca con la mano izquierda. Con la derecha, la mágica, sostiene el plato de subcampeón de Wimbledon. No le resulta sencillo quitarse la angustia. Apenas levanta la mirada e identifica a sus hijas y a su mujer en el palco, suspira; de a poco empieza a calmarse, a respirar profundo, a consolarse con esos aplausos que le endulzan los oídos, el alma. Dio todo, Roger Federer. Emocionó, una vez más. Corrió durante casi cuatro horas de punta a punta como cuando era un veinteañero, con coraje se puso de pie cuando lucía derrumbado y, seguramente, ni sospechaba que con casi 33 años (los cumplirá el 8 de agosto) seguiría jugando, haciéndoles daño a los más jóvenes y ejecutando música con su raqueta.

Más de US$ 81.000.000 recaudó Roger sólo por premios en torneos, 17 Grand Slams conquistó en su carrera, decenas de récords son suyos. ¿Qué más le falta? Algún inmutable exigente podrá achacarle que no ganó la Copa Davis, como sí lo hizo Nadal, su histórico adversario. Pero ello sería una pequeñez. Ya es leyenda hace tiempo; no tiene nada que demostrar. Las comparaciones muchas veces son antipáticas, pero podría retirarse hoy mismo Federer y, sin embargo, pasarán generaciones y generaciones y difícilmente se encuentre un tenista como él, casi perfecto y elegante técnicamente, fuerte en lo mental, ganador, con un exquisito juego de pies. Un modelo como deportista, un caballero en el court. Así y todo, con ese bagaje en el cuerpo y cuatro hijos, todavía conserva la esencia más fascinante.

Por eso aún llora, por eso se entristece al perder un título que ya conquistó siete veces, porque no juega por dinero ni por la gloria, escenarios que alcanzó en demasía; juega porque la llama sigue viva en su interior. Fuego sagrado, que le dicen. La famosa relación amor/odio con la adrenalina, cosquilleo con el que los deportistas tanto conviven. Efervescencia adolescente en cuerpo de adulto. Se seca las lágrimas, Roger. Todavía le duele perder, increíble como él mismo. Ya genera nostalgia pensar que algún día no tan lejano llegará el final de esta novela. Habrá que empezar a resignarse y a agradecer por haber sido contemporáneos de un genio así.

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