Bou y Mancuello: la confianza es todo

Tienen cosas en común. Debutaron en Primera el mismo año: 2008. El mediocampista de Independiente, surgido de las juveniles, lo hizo en el final del Apertura con Pepé Santoro. El delantero de Racing se presentó en River. Allí se formó y lo promovió Simeone.

Han modificado su posición en la cancha. Los dos comenzaron sus carreras como mediocampistas de banda. Tienen edades atípicas para un campeonato mayoritariamente protagonizado por mayores de 30 y menores de 22. El 23 de Racing nació en febrero de 1990. El 11 del Rojo, en marzo de 1989.

Ninguno de los dos provocó impacto inmediato. Les costó afianzarse. Escucharon los murmullos. Vieron como los hinchas propios querían que jugaran para los contrarios. Peregrinaron por otros clubes.

El zurdo vivió una pasantía en Belgrano durante la temporada 2011-2012 en Primera. Regresó para encontrarse con el descenso y la histeria. Miguel Brindisi se animó a ponerlo por el centro ante Aldosivi. De Felippe lo devolvió al costado, como mediocampista y lateral izquierdo.

El diestro se quedó en River hasta agosto de 2012. No contó ni para Gorosito, ni para Cappa, ni para J.J. López ni para Almeyda. Tras cuatro años sedentarios, pasó a préstamo a Olimpo en la B Nacional. Marcó 8 goles en 33 partidos. El equipo ascendió. Él se fue a Liga de Quito. Seis meses, 4 goles en 20 partidos. Volvió al país, a Gimnasia. Seis meses, 1 gol en 7 juegos. Quedó libre de River. Estuvo cerca de firmar con Patronato de Paraná. Su representante Cristian Bragarnik lo acercó a Racing. Es el mismo que el del DT Diego Cocca y de muchos refuerzos (Acevedo, Grimi, Sánchez, Castillón y Acuña) Con este conflicto de intereses y sus pobres antecedentes, llegó a Racing.

Ambos disfrutan de presentes inimaginables hace dos meses. En nueve fechas, uno ha marcado la misma cantidad de goles que en sus 116 partidos anteriores por campeonatos locales con el Rojo: 7. El otro ha igualado en una sola semana el número de tantos que había conseguido en todo su año anterior: 5. Comparten el factor DM, una referencia de cada plantel que los potencia. En Racing, Diego Milito. En Independiente, Daniel Montenegro. Milito lo ordena, le crea espacios, le arrastra marcas y lo habilita como en el primer gol a Boca. Montenegro lo cuida. Se ubica al lado de Bellocq, le cubre la espalda y lo habilita, como en los golazos ante Olimpo y Central.

Juguemos un poco. Avellaneda hoy es nuestra Manchester. Probablemente lo del Edin Dzeko del City (frío, técnico, de rachas) sea un suceso. La lesión de Hauche le fabricó un lugar. Se benefició con los cambios de Cocca, que desactivó el doble cuatro y el doble cinco incompatibles. Gastón Díaz y Marcos Acuña le han servido goles desde la derecha. La contribución de sus compañeros no minimiza su mérito. Hay que estar fuerte de la cabeza para confiar en uno mismo durante la adversidad. No cualquiera hace su gol a Belgrano de emboquillada y con borde interno.

Seguramente lo del Ryan Giggs del United (de rojo, zurdo y con la 11) sea un proceso de evolución aún sin techo. Dejó la etiqueta de valioso futbolista complementario y se transformó en un líder. Declara como tal. La raya ya no lo ordenaba, lo limitaba. Jorge Almirón lo interpretó así y lo puso por el medio, cerca del balón. Influye más en el juego. Se anima a todo porque está convencido de que le va a salir. Y le sale, como en sus goles o el pase de derecha a Méndez para el 2-0 ante Central.

Parecidos y diferentes, a Federico Mancuello y a Gustavo Bou los une algo más que desconfianzas pasadas, reconversiones futbolísticas, contextos favorables y rachas goleadoras. Tienen en común un tesoro: la confianza.

Fuente: Canchallena.com.

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