Desde 2016, los rugbiers argentinos deberán elegir entre la UAR o los clubes extranjeros

Hay algo que no ha variado jamás en esta gira Puma: la lluvia. También ayer en París, como en Edimburgo y en Génova, acompañó la hora y media del entrenamiento en el césped sintético del CSM Gennevilliers, donde las novedades más salientes fueron que el capitán Agustín Creevy participó del juego luego de la lesión que lo alejó en Italia y que Juan Hernández se ubicó en todos los movimientos como segundo centro y no como apertura.

Las imágenes que se vayan registrando en estos días pueden ser parte de la leyenda, ya que es altamente probable que ésta sea la última ventana de noviembre con el estatus histórico para el seleccionado argentino. En la próxima, en 2016 (en 2015 no habrá porque se juega el Mundial), todos los jugadores -o la enorme mayoría- estarán bajo contrato exclusivo de la UAR.

La franquicia que tendrá la Argentina en el Súper Rugby y de la cual habrá importantes definiciones en las próximas semanas modificará el mapa de las convocatorias. Al menos ésa es la idea que viene primando, aunque pueda tener alguna modificación que no sería sustancial. Cuando los Pumas vuelvan al clásico test del otoño europeo, lo harán con un grupo de jugadores que disputaron el de junio, el Rugby Championship y -con un equipo; no selección-, el Súper Rugby.

Parte de esa movida que arrancó en 2008, y también a causa de lesiones y de jugadores que el staff por ahora no tuvo en cuenta, pintan ya en ésta gira un panorama inusual para los Pumas de la última década y media. Hoy en París el plantel del seleccionado tiene más jugadores que actúan en la Argentina que en el exterior: 15 a 13. El único que estaba libre, Joaquín Tuculet, acordó su vinculación ayer al Cardiff Blues, donde será compañero de Lucas González Amorosino.

En esta transición, que tiene además muy cerca el Mundial, existen varios grupos con realidades distintas. De los que están jugando en Europa, algunos terminan sus contratos a fines del año que viene y otros quizá decidan no seguir en el seleccionado en 2016, poniendo fin a sus carreras tras Inglaterra 2015. También conforman estas listas los que fueron a Europa como medical joker porque si no se quedaban en la Argentina sin competencia: Nicolás Sánchez (Toulon), Benjamín Macome (Bayonne) y Nahuel Tetaz Chaparro (Lyon).

Y los que están en la Argentina también ofrecen dos situaciones distintas. Por un lado, los que ya fueron contratados por la UAR y saben que de alguna manera tienen sus lugares asegurados. Dos ejemplos: Martín Landajo y Tomás Cubelli. Pero hay otros que quedaron en el medio, sin saber si les conviene irse -siempre y cuando aparezca una buena propuesta- o quedarse en el país para no salir del sistema del Plar. Si bien no está escrito en ningún lado, sobrevuela que el que se vaya será muy difícil que lo vuelvan a llamar.

Esa transición, que como toda transición tiene costos, ha sido más corta de lo previsto. Y también, salvo los primeros años, menos traumática. Por eso este panorama que en algunos casos es de incertidumbre para un grupo de jugadores, se terminará la temporada próxima, cuando entonces sí se sabrá quienes estarán bajo el ala de la UAR para la alta competencia. En esa franja ya habrá como mínimo 40 rugbiers.

La idea de la UAR en su plan madre, que está a punto de cerrarse con la franquicia, es sostener esta estructura sin competencia profesional interna. O sea, que esos jugadores tengan un calendario de unos 40 partidos anuales entre Pumas y Súper Rugby. Lo que sí puede ir adecuándose en el camino son las convocatorias a un supuesto jugador de clase internacional que firme con un club europeo, aunque eso hoy es imposible arriesgarlo.

Esta semana, por eso, no sólo será la última de un año con grandes cambios en los Pumas, sino también la que le ponga punto final al régimen de jugadores cedidos por los clubes europeos.

París y la lluvia sirven para darle un toque especial a esta nueva parte, trascendente, de la historia del seleccionado argentino..

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