Efectivo y luego cuotas

El mecanismo de pago que negocia el Ministerio de Economía con el Club de París para regularizar la deuda en default arrastrada con ese grupo de países, contempla un desembolso inicial en efectivo. El ministro Axel Kicillof viajará esta noche a la capital francesa y el miércoles se encontrará con los miembros del Club de París para avanzar en la definición de un marco general que promueva inversiones productivas a cambio de la cancelación del pasivo. Si se avanza en los lineamientos propuestos por la Argentina, una vez concretado ese desembolso se iniciará un cronograma de pagos de mínima de mediano plazo, aproximadamente cinco años. El acuerdo contempla la posibilidad de acelerar los vencimientos si las condiciones financieras de la Argentina mejoran, como afirman los miembros del grupo de países. Cuando retomaron las conversaciones, la Argentina solicitó que el Fondo Monetario Internacional no participe de la solución y, hasta el momento, los funcionarios del Tesoro de Francia que están a cargo de la Secretaría del Club de París no lo plantearon como un requerimiento de los integrantes de ese foro informal de acreedores.

La sucesión de negociaciones abortadas desde 2005 obliga a avanzar con precaución, pero en ambos frentes expresaron públicamente su interés en regularizar ese pasivo en default. La cifra final a pagar parte de la negociación en curso, pero el monto consolidado de la deuda ronda los 10 mil millones de dólares. Como la negociación todavía está abierta, tampoco se descarta la posibilidad de entregar bonos soberanos para cubrir alguna parte del acuerdo. “Vamos a ser implacables en que el acuerdo sea sustentable y no condicione el crecimiento económico con inclusión”, enfatizó Kicillof en febrero, cuando regresó de su primera visita a Francia.

Alcanzar un acuerdo con el Club de París forma parte del proceso de regularización de pasivos encarado por la Argentina después del default. No se trata de habilitar el camino para una inmediata y necesaria salida al mercado internacional para emitir deuda externa (algo que de hecho ya realizaron con el pago a Repsol), ya que el equipo económico considera que los requerimientos de divisas están cubiertos este año, pero entienden que, en el corto plazo, destrabará restricciones financieras para los flujos de Inversión Extranjera Directa. Antes de decidir la adquisición del nuevo material rodante para los ferrocarriles metropolitanos a la empresa estatal china CSR Sifang, el Ministerio de Interior y Transporte pidió una tasación a Marubeni, la representante en el país de la japonesa Toshiba. La opción se descartó porque el precio era prácticamente el doble que el de las formaciones chinas y además tardaban casi tres años en comenzar a entregarlas. El principal atractivo que ofrecía la firma nipona era un mecanismo de financiamiento de mediano plazo, pero condicionado a la existencia de un acuerdo con el Club de París. También desde Japón, las últimas inversiones de Toyota para ampliar sus plantas se demoraron 14 meses y desde el Gobierno sostienen que se hubieran concretado mucho antes con un acuerdo. Algo similar sucedió con inversiones de la alemana Siemens para finalizar las obras en Atucha II.

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