Stevie Wonder: “Mi única adicción es el amor”

El músico norteamericano se presentará esta noche en Vélez, pero antes habló con la prensa acerca de su pasión por la música, Nelson Mandela, el papa Francisco y Michael Jackson. “¿Quién sabe si después de esta primera visita no le compondré una canción a Buenos Aires?”, dijo.

“Mi única adicción es el amor”, aclaró Stevie Wonder ante un malentendido en la traducción de la pregunta que le hizo Página/12 acerca de su opinión sobre los fallecimientos de figuras del R&B y el soul (géneros que le deben su evolución al cantautor de 63 años) como Whitney Houston, Amy Winehouse y Michael Jackson. No, Wonder no había sufrido los mismos problemas que esos colegas, pero sí estuvo al borde de la muerte tras un accidente, hace cuarenta años. Pero aquí está, en Buenos Aires, finalmente, para tocar hoy a las 21 en la cancha de Vélez. “Me siento mal por lo que les pasó a todos ellos –prosiguió el músico–. Los artistas, al igual que los periodistas, tenemos que unirnos para ayudar a los músicos que están atravesando un mal momento. Estoy en contra del sensacionalismo de los medios. Me rompió el corazón lo que éstos hicieron con Amy y Whitney cuando murieron. Los periodistas debieron tener compasión por ellas y no asumir esa actitud de salir a matarlas. Aunque sé que con eso hacen dinero. Debe haber mayor responsabilidad con este tipo de información. No se puede tolerar más la manera en que se manipula.”

El primer niño prodigio de la música afroamericana post Ray Charles y James Brown irradió su groove en el Salón Martín Fierro del hotel Sheraton. “Estoy bastante nervioso”, se despachó Gillespi, el trompetista y conductor radial devenido en moderador de la conferencia de prensa, mientras esperaba al nigromante del ritmo. A ese artista con mayúsculas que introdujo a más de un chico en el oficio musical tras hechizarlo con el teclado malvado y sensual, ese “wowa wowa wowá” (según la traducción onomatopéyica) de “Superstition”. Innervisions, el álbum bisagra de los ritmos de matiz negra que incluye ese temazo, cumplió cuatro décadas en agosto último.

Al atravesar la puerta del salón, Wonder alcanzó la dimensión de un hermoso Buda negro, capaz de arrancar aplausos, ayudado por ese carisma, y esa sonrisa propia de una publicidad de dentífrico. Sonrió e hizo sonreír, incluso cuando la cronista de CQC le pidió, a causa de los tiempos modernos, cambiar por mensajes de texto la llamada telefónica en su canción “I Just Call to Say I Love You”. Sin amilanarse, Wonder interpretó una nueva versión de su clásico: “I just text to say I love you… text me back!” (“Sólo te escribo para decirte que te amo… ¡contestame!”). Con eso sólo alcanzó para notar que su voz está intacta. “Hablo un poquito española (sic), pero estoy contento de estar acá”, dijo mientras desenfundaba una hermosa armónica. “Vamos a pasar un muy buen momento. Quiero que todos los porteños sepan que estuve en su ciudad”, aseguró. Pero cuando se le consultó por qué no vino anteriormente, se limitó a contestar que, si bien siempre quiso, “los espíritus estuvieron en contra”. “No intento hacerme ese cuestionamiento. ¿Quién sabe si luego de esta visita, que no será la última, no le compondré una canción a Buenos Aires?”, soltó.

La visita del músico, que este año cumple 50 años de actividad artística, en las que vendió más de 100 millones de discos, llega justo después de la muerte del líder sudafricano Nelson Mandela. Por ese motivo, es probable que como sucedió en Santiago, de Chile, en la noche del lunes, le dedique aquí un tramo de su espectáculo al Premio Nobel de la Paz de 1993. “Todos los últimos años en los que parecía que Mandela iba a morir fueron traumáticos. Estaba en su lecho de muerte y de pronto se recuperaba. Lo mismo le sucedió a mi madre, por lo que sentí una gran conexión espiritual con él”, explicó el músico que en la década del ’70 escribió gran cantidad de clásicos de contenido social y político. En 2009, eso le valió el título de Mensajero de la Paz de la ONU. “Aprendimos muchísimo de las enseñanzas de Mandela. En mi papel como artista, debo poner en práctica todo lo que nos legó, a través de la compasión, pues no hay que olvidar que estuvo 27 años preso, logró que se celebraran las primeras elecciones democráticas y fue el primer presidente negro de ese país.”

Su admiración para con el líder africano alcanzó hasta las analogías con el papa Francisco. “Me parece que lo que hizo Francisco hasta ahora tiene mucho que ver con la obra de Mandela. Al menos es lo que escuché, y eso me contenta. Es increíble su posición, aunque es normal que se tenga que bancar las críticas”, señaló Stevie Wonder, quien es un religioso confeso. “Ese es el objetivo. Si canto, a pesar de que me duele la garganta, luego de todo este tiempo, es para ayudar a que, por ejemplo, Obama y Raúl Castro se den la mano como sucedió en el funeral de Mandela.” No obstante, con suma modestia, cree que todavía falta mucho para hacer. “La historia de mi tema ‘Living for The City’ (también de Innervisions) ahora es distinta, aunque no está completa. Todos los países deben buscar la igualdad y no sólo en el sentido étnico. Hasta que eso no sea global, todos los músicos tenemos el compromiso de escribir canciones como ésa. ¿Ustedes vieron que ahora hay raperos en todas partes? Los griots, en Africa, eran como los primeros raperos: eran quienes contaban lo que sucedía en sus aldeas. Ahora hay muchos chicos que lo hacen. Así que no hay tiempo para conformarnos.”

A ocho años de la salida de su último disco de estudio, A Time to Love, Stevie Wonder anunció la edición de tres álbumes, de los cuales dos saldrán a la venta el año próximo: When the World Began y Ten Billion Hearts (el tercero, en preparación, está dedicado a su madre, y se abocará al gospel). Eso dio pie para que el autor del clásico “Sir Duke”, cuyas respuestas en la conferencia sorprendían por su frondosidad, revelara la manera en que compone un tema: “En el momento de escribir, lo primero que hago es agradecerle a Dios. Cuando compuse The Secret Life of Plants, en 1979 (trabajo de gran influencia en músicos argentinos como Charly García, Fito Páez y el Flaco Spinetta), aprendí a entrar en contacto con las plantas, a tocarlas. Una vez que lo terminé, me dolió mucho el maltrato que hay con la naturaleza. No hay derecho”.

Fuente: Página 12.

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