¿Por qué los estudios sobre el VIH se centran en los hombre si la mitad de los pacientes son mujeres?

 

Hay en el mundo 36.9 millones de personas que viven con VIH y más de la mitad son mujeres. La noticia de un paciente que parece haberse curado de una infección con HIV, el virus causante del sida, es una fuerte motivación para que los científicos insistan en la búsqueda de una cura definitiva para la enfermedad. Sin embargo, hay un viejo problema: la falta de mujeres en los ensayos clínicos sobre posibles tratamientos, curas y vacunas para el VIH.

“Estamos trabajando en un taller latinoamericano para tener datos de nuestra región”, explica la doctora Isabel Cassetti (MN: 55583), directora médica de Helios Salud y miembro del Comité Asesor del Programa Nacional de Sida y ETS de la Secretaría de Gobierno de Salud de la Nación. “Si bien tenemos problemas que son comunes, no todos los países de Latinoamérica son iguales. En el Caribe casi el 50 por ciento de las infectadas con VIH son mujeres, en cambio en Latinoamérica esta cifra llega al 30 por ciento”, dice la especialista.

En Argentina las cifras reflejan algo similar al promedio regional.

Siete de cada 10 personas con VIH, son hombres. Además de estas regiones, en África e incluso en el sur de Estados Unidos, las nuevas infecciones de mujeres jóvenes contribuyen a mantener la epidemia.

Desde el principio, la epidemia se concentró principalmente en los hombres homosexuales, quienes se postulaban lo antes posible para tener acceso a nuevos medicamentos.

Sin embargo actualmente son las mujeres quienes progresan más rápido hacia el sida que los hombres infectados, y tienen más probabilidades de sufrir ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares. “Hay todo tipo de diferencias entre hombres y mujeres, probablemente mediadas parcialmente por los efectos hormonales”, dijo Mónica Gandhi, profesora de medicina en la Universidad de California en San Francisco The New York Times.

Otro aspecto que influye a la hora de contar con menos mujeres en los ensayos clínicos es que uno de los criterios de exclusión se centra en la posibilidad de un embarazo. “Cuando se trata de estudiar una droga hay temor que esa droga provoque algún deterioro en el feto y en el recién nacido”, nos cuenta Isabel Cassetti. “Cómo esa necesidad todavía no es cubierta, el año pasado la FDA cambió un poco esta concepción y plantea la discusión de si es ético o no excluir a las mujeres en los ensayos clínicos por esta cuestión”, revela la especialista.

Un tercer aspecto que alimenta esta diferencia entre la cantidad de hombres y mujeres en los ensayos clínicos, tiene que ver con lo sociocultural. “El estigma y la discriminación en toda la población aún existe y tenemos que luchar como médicos contra esas barreras”, concluye Cassetti.

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